lunes, 5 de agosto de 2013

Tendremos segunda vuelta

Tendremos segunda vuelta

Por: Luis Carvajal Basto

Esta parece la conclusión más importante de la última encuesta. Pero hay otras novedades.

En la superficie, la encuesta  de Ipsos- Napoleón Franco, publicada el fin de semana, se parece a las anteriores: Pese a que 62% considera que el país va por mal camino y 60% está en desacuerdo con la reelección, ninguno de los demás candidatos habilitados tiene los votos para ganarle al presidente Santos. Una leve mejora en su imagen (2%) respecto de la encuesta anterior haría pensar que el Santismo es una realidad política que se decantó. Después de su ruptura con Uribe; del fallo sobre San Andrés y varios etcéteras, a 10 meses de las elecciones mantiene una imagen favorable del 49%. De acuerdo con la encuesta de Ipsos el presidente Santos sigue siendo el mejor candidato disponible.
En el juego de la reelección el presidente cuenta con  las reglas a su favor: su principal opositor, el ex presidente Uribe, no puede ser candidato y no endosa su favorabilidad (63%) a los precandidatos Uribistas. Eso es apenas natural si se tiene en cuenta que la voz cantante de la oposición, quien lleva la batuta y las propuestas, sigue siendo el mismo Uribe. Los demás son observados como seguidores, no destacan.
En la encuesta se puede medir el  costo del “corte de cuentas” del Santismo con el Uribismo: el 39% de quienes votaron por el presidente en la segunda vuelta no respalda hoy su gestión de gobierno. Si ello es así ¿de dónde sale su actual favorabilidad? La respuesta está, claramente, en el Liberalismo como corriente  histórica de opinión y no solo en la estructura oficial y parlamentaria que, pese a su acceso al gobierno, pierde dos puntos, hasta 36%, con relación a septiembre de 2012, en pleno “renacer Liberal”.
En el escenario actual, en que el presidente  mantiene el control de la mayoría del voto parlamentario, luego de la reciente “realineación” de los conservadores, las dificultades  para la reelección podrían venir de los votos de opinión que se expresaron en la ola verde(diferente a sus divididos y eventuales dirigentes) y antes en la candidatura de Carlos Gaviria: el 56% de quienes votaron por Mockus en la segunda vuelta “castigan” la gestión del gobierno, abriendo paso, por ejemplo, a las candidaturas de Navarro y Clara López que se sitúan, en la intención de voto , por encima de los candidatos Uribistas. En la pugna entre estos sectores de Izquierda, a pesar de sus dificultades, el alcalde Petro será “gran” elector.
Los acuerdos de Paz seguirán siendo el eje de la campaña presidencial (59% de favorabilidad), pese a que la encuesta identifica desempleo (39%) e inseguridad ciudadana (31%) como los principales problemas del país. Si ello es así los eventuales acuerdos, en lo que falta, menos el desgaste del gobierno, en lo que falta, inclinarán la balanza de la reelección y la decisión final del presidente. Sobre este punto llama la atención y genera expectativas la posición de sectores conservadores, como el expresidente Pastrana y la ex canciller Sanín, frente a temas como el de San Andrés que podría convertirse en un asunto de política electoral.
Sabiendo que los acuerdos serán un factor decisivo, las FARC deshojan una margarita en que se confunde participación, aspiración apenas normal, con cogobierno, el cual se alcanza en las democracias con votos. El resultado del pulso será definitivo como argumento que podría disminuir o aumentar el impacto de los acuerdos en unas presidenciales en que, hasta ahora, tendremos segunda vuelta con las dificultades de anticipar tendencias y resultados que ello implica.
@herejesyluis
Otro si: Esta nota intenta analizar una encuesta correctamente diseñada y ejecutada que escruta a la opinión en un momento determinado y no compromete, necesariamente, las preferencias personales de su autor.

lunes, 29 de julio de 2013

Dificultades de la Paz

Dificultades de la Paz

Por: Luis Carvajal Basto

Un enfoque político revela que siempre serán muchas y siempre deben ser superadas. Pero los consensos podrían buscarse antes y no después de unos acuerdos que se van a encontrar a un país dividido.

Mientras el  país se pregunta cosas como cuanto de Justicia debe sacrificarse para conseguir la Paz o cuanto de Constitución debe modificarse, y no al contrario, o la efectividad y aplicabilidad de Leyes como la de víctimas o Justicia y Paz etc., las respuestas de los dirigentes políticos están y estarán, inevitablemente, condicionadas por el próximo debate presidencial. El verdadero desafío que tenemos  los colombianos consiste en evitar que la paz sea reducida a un insumo de las elecciones aunque no se pueda lograr sin ellas. ¿Es eso posible?
Resulta tan difícil como inútil establecer en que momento la discusión sobre la Paz se “politizó”. ¿Es la advertencia de impunidad un principio de justicia o un argumento de política electoral? Quienes lo afirman, olvidan que el anuncio de los diálogos, por sí mismo, dio otra cara a un gobierno que venía de fracasar en la reforma educativa y de Justicia y perdía, aceleradamente, popularidad. Desde ese punto de vista fue una jugada maestra que transformó el escenario político, aunque, nadie puede dudarlo, recogía y recoge el sentir de la inmensa mayoría de los colombianos.
El  marco legal para la paz es una herramienta para conseguirla. Parece extraño que, a estas alturas, se pregunten cosas como si la Paz debe adaptarse a la Constitución o esta debe ser reformada para lograrla. La Ley condiciona el funcionamiento de las sociedades pero su sola existencia es una consecuencia de los hechos que producen los hombres. No es rígida y tampoco puede ser ajena a las circunstancias históricas.
Para el Congreso el trámite del acto legislativo fue correcto siendo ese un argumento indispensable pero no suficiente como para pensar que debe pasar “derecho”, tal como salió de allí, por la Corte. No se trata de los aspectos formales sino de los de fondo, incluida política, politiquería y los puntos de vista de organismos internacionales que son jugadores de considerable peso, en la perspectiva de la justicia transicional o excepcional. Los criterios expresados la semana anterior confirman que la discusión no se agotó en el congreso y sobrevive un mar de ambigüedad e intereses encontrados que se puede, fácilmente, observar en los foros y las discusiones mediáticas. El país sigue dividido y no se trata de la conveniencia de la Paz sino de un hecho real.
El debate  abierto en la Corte Constitucional  es una discusión política y no, esencialmente, jurídica, como lo será la decisión de la Corte que, sin embargo, debe incorporar en ella y otorgarle un sentido de Estado, más allá de los intereses sectoriales o partidistas. Mejor dicho:  debe buscar los consensos que de otra manera no se han logrado, en armonía con  los intereses de todos , incluidos los que no participan en política electoral o no están suficientemente representados en el Congreso pero tienen una voz que debe ser escuchada. Entre otras cosas, porque de eso se trata la Paz. No solo de las victimas sino de la parte importante de colombianos que manifiestan su desacuerdo, hasta ahora, con unos arreglos que, como es natural, desconocemos todos, por la sencilla razón de que no existen.
A la Corte no ha llegado el asunto tan “procesado” como debiera como para que su actuación se reduzca al estudio de formalidades. Seguramente la razón más importante sea que las diferentes fuerzas políticas no han estado adecuadamente representadas en el congreso, observándose fácilmente que son, o pueden ser, un factor de distorsión en contrario. Si ello ha sido resultado de las vicisitudes de la política poco importa ahora y lo verdaderamente trascendente son las consecuencias futuras, con acuerdos o sin ellos. El respeto a lo que se acuerde y su perdurabilidad.
A estas alturas no sabemos si el presidente se postulará a su reelección, en cuyo caso tiene altas probabilidades de triunfar, dicen hasta ahora las encuestas. El proceso de Paz, sin embargo, debe situarse por encima de esa “posibilidad” tratándose de un tema de Estado y sobre el que deberían existir unos consensos mínimos, al menos entre las fuerzas políticas. Hoy por hoy, sin conocerse acuerdos concretos, es cuestionado desde sectores de lo que se ha llamado “izquierda”  hasta una “derecha”, que tendrán votaciones importantes en 2014.La refrendación popular de los eventuales acuerdos va a coincidir con las elecciones presidenciales y las de congreso, otorgándoles su “contenido”.
Por eso es tan importante la decisión de la Corte en la dirección de superar la división que hoy existe entre los colombianos. Encontrar la verdadera Paz y mantenerla no es, “solamente”, un asunto de política electoral. ¿Después de la Paz con las FARC, necesitaremos otra con quienes hoy la vetan? ¿Un plebiscito será suficiente para superar la polarización?¿En verdad todo se juega en La Habana?
@herejesyluis

lunes, 22 de julio de 2013

Buenos muchachos ( La reacción del gobierno)

Buenos muchachos (La reacción del gobierno)

Por: Luis Carvajal Basto

El último tramo de los gobiernos, en todas partes, es siempre el más difícil. Estamos viendo en Colombia que con reelección en el horizonte, puede serlo más. ¿Han respondido los ministros al desafío?

La convergencia de paros, como el del Catatumbo, y el anuncio de otros, coinciden con el periodo preelectoral, la eventual reelección del Presidente y  los diálogos en la Habana. También, con las manifestaciones, lamentablemente violentas, de sectores que no han encontrado otra forma de expresarse dentro del sistema político.
Alguien dijo que hombres y gobiernos no existimos en el periodo que escogemos si no en el que nos corresponde vivir. No vale quejarse. El gobierno parece sorprendido por los paros en desarrollo y los que se anuncian. Por sectores que reclaman. ¿Es suficiente denunciar que son reductos de las FARC, políticos en campaña, oportunistas o criminales? Pareciera que las respuestas del gobierno no son estructuradas e institucionales si no esperanzadas en personas de quienes esperamos capacidades excepcionales o mágicas, un poco  extrañas en este periodo de gran impacto tecnológico, también para la ciencia de gobernar.
El Catatumbo  puso a prueba a  los Garzón que debieron regresar por donde fueron. Ni hablar del papelón que en todo esto ha hecho el  ministro del interior quien considera que su trabajo, en circunstancias como estas, es recordarnos la Constitución a través de los medios o hacer denuncias en lugar de anticiparse, consensuar y, en últimas, liderar el ejercicio de la autoridad. ¿Será que el ministro de la política considera que esta solo se reduce al congreso, lugar donde, por cierto, no ha sido puesto a prueba?
No es  sorpresiva la explosión de tantos intereses que encuentran este momento como el mejor para sus actividades de “pesca”: presión a los diálogos; mayor tajada en los subsidios del Estado; oposición política; obtención de licencias ambientales y, faltaba más, justos reclamos de comunidades que, a pesar de los titulares, no tienen vías, ni servicios básicos, ni trabajo formal, ni prestaciones sociales haciendo, otra vez, evidente la existencia de dos países: el formal y el real.
¿Sorpresa?: los partidos, encargados de relacionar las demandas de la sociedad con el Estado, se han convertido en fortines casi exclusivamente parlamentarios. La política entendida así deja por fuera del sistema a sectores que buscan maneras de expresarse. Es una de las deudas que los colombianos y, sobretodo, los políticos tienen con la participación consagrada en la Constitución.
Lo que  sorprende es la actuación “inocente” y muchas veces descoordinada  de algunos miembros del equipo de gobierno, comenzando por el de Hacienda quien  ante los primeros anuncios de más paros dijo que el gobierno tenía “listos los recursos que se necesiten”. Cualquiera podría interpretar eso como una señal de debilidad o una  oportunidad ante la cual conviene extender la red. Viene subienda, dirían los pescadores del Magdalena.
El ministro de comercio, en un momento en que diferentes sectores, como el de calzado, sienten la presión de  competencia desleal que genera cierre de pequeñas y medianas empresas y el despido de trabajadores, declara  que todavía le faltan tres tratados comerciales, uno de ellos con Japón. Los autopartistas deben estar pensando su reacción. El ministro, orgulloso de cumplir las propuestas fijadas hace tres años, periodo en que han pasado tantas cosas en Colombia y el mundo, no parece  “conectado” con las circunstancias del país ni interesado en los problemas que en este momento  atienden sus compañeros de gabinete.
No hace falta experiencia y un curso de alto gobierno para saber que cerca de las avispas no convienen alborotos. Por verse los resultados de la reforma a la salud resulta extraña como innecesaria  la polémica abierta por el ministro de salud con Juan Gossain por su justificada denuncia según la cual muchos medicamentos son más costosos en Colombia que en cualquier lugar del mundo, incluidos países de más altos niveles de ingreso. Mucho menos, su respuesta según la cual ese ministerio “ya había expedido una resolución”. Podría añadirse, una Constitución e incontables Leyes que, desafortunadamente, no se cumplen y sirven para ilustrar las diferencias entre un país formal, al que parece representar el ministro, y otro real al que pertenecemos todos, sintiéndonos  bien representados por Juan, a pesar de su “ignorancia”.
Tanto como la competencia técnica es importante en el desempeño del gobierno la experticia política y el sentido común: anticiparse y prever escenarios es siempre mejor que hacer el papel de bombero perezoso, apenas reaccionando. Para el gobierno, el proceso de Paz no sirve como disculpa. Debería ser, por el contrario, el mejor motivo para mantener encendidas las alarmas. Lo que a nadie le cabe en la cabeza es que se promuevan, desde el mismo cuartel de bomberos, más incendios, aunque sea de manera involuntaria, falta de experiencia o  “descuido”.

lunes, 17 de junio de 2013

Paz, participación y autoridad


Por: Luis Carvajal Basto

El fortalecimiento del Estado no es uno de los puntos acordados en los diálogos pero es, claramente, uno de sus objetivos más importantes. Los problemas de Colombia no terminan con el fin de la violencia de las FARC.



En estos momentos se discute en La Habana sobre participación política. Sería un desperdicio que el análisis se redujera a la transformación de las FARC en movimiento político, teniendo tantas deudas el sistema político y los colombianos con la propia Constitución en esa materia.
La participación electoral, hace décadas, no supera los niveles del 50%.La ciudadanía poco se asocia y escasamente se expresa políticamente, es decir en el ámbito en que confluyen sus derechos y responsabilidades con los de todos: lo público. Los partidos, básicamente, reflejan expresiones e intereses parlamentarios ocasionando la reducción del espacio político al que transcurre en el congreso, ocasionando una ruptura entre la política y la opinión, fundamentalmente urbana. Los votantes, ese 50%, no toman cuentas a sus elegidos salvo en los certámenes electorales.
De otra parte, la ciudadanía poco se interesa por la ejecución y control del gasto público, los impuestos que paga, abriendo camino a la corrupción y a los carruseles. Las veedurías ciudadanas no son todavía una expresión colectiva perjudicando la descentralización que, sin participación, camina pero en una sola pierna. El pueblo o la “sociedad civil” organizada se mantienen ausentes de los asuntos colectivos y sería un engaño decir que se abstienen de hacerlo solamente por temor a algún tipo de represión o por simpatías con quienes han vetado la legitimidad del sistema político, como lo han diagnosticado por años. Es, más bien, un asunto cultural o de escasa familiaridad y desarrollo con las herramientas que proporciona la Constitución del 91.Para muchos, el Estado, el sistema político, son asunto ajeno.
Dicho de otra manera, se trata de conseguir que seamos, los colombianos, más ciudadanos, y dejemos de considerar lo público como algo que compete solo a los políticos o “a los demás”. Desde ese punto de vista, y si se tienen en cuenta la Constitución y la realidad política, las “partes” podrían declararse acordadas por anticipado. El tema de la participación no se agotará en La Habana aunque de allí puedan conseguirse elementos para un estatuto de la oposición que nos debemos.
En cuanto a la ampliación de los mecanismos de participación su reglamentación no será suficiente. La cultura participativa no trata solamente de decretos o reglas aunque tampoco pueda “madurar” sin ellos. Estímulos de todo tipo serán necesarios y también puede serlo, en un país en Paz, la obligatoriedad del voto.
En otro ámbito, la ciudadanía organizada puede encargarse no solo de hacer la veeduría sino la misma ejecución de una parte del gasto público. ¿Será que no pueden, por ejemplo, las juntas comunales, encargarse de reparaciones de pequeñas vías, parques, acometidas y algunos procesos en servicios públicos? O las asociaciones de padres, administrar y ejecutar algunos procesos del sector educativo y del entorno, infraestructura de los municipios incluida, de escuelas y colegios? Son maneras de “aterrizar” el abstracto discurso participativo.
Pero en lo que no podemos nuevamente equivocarnos es en dejar de perseverar en el fortalecimiento del Estado, comenzando por la solidez y el respeto que debe merecernos el ejercicio de la autoridad legítimamente establecida. El Estado es patrimonio de todos pero quienes más lo necesitan son los pobres y los sectores más vulnerables de la población. A nivel mundial, la crisis ha revelado dos grandes tendencias: la que propende por su minimización a ultranza y la que procura que continúe funcionando como instrumento para reducir los desequilibrios pero también para intervenir, en beneficio y coordinación con los asociados, en los desajustes y dinamización de la economía etc.
En una Colombia post conflicto necesitaremos más, y no menos, Estado. Más, y no menos, ejercicio y respeto de la autoridad. Problemas como pobreza, narcotráfico y la violencia asociada, desempleo, educación pertinente y corrupción, lamentablemente seguirán vigentes. ¿Quién más va a garantizar nuestros derechos y Libertades?

lunes, 10 de junio de 2013

Santos: ¿Reelección anticipada?


Por: Luis Carvajal Basto

A un año de las presidenciales, con excepción de Vargas Lleras, convertido por ahora en su jefe de debate, no le aparece contendor.


Con el mismo Uribe, su principal rival en el terreno político y en todas las encuestas, fuera de combate por disposición Constitucional, las presidenciales de 2014 parecen hoy, un año antes, una formalidad.
Faltando parte del presupuesto de 2013 y el de 2014 por ejecutar a Santos le aparecen, todavía, más aliados que contradictores. Apenas algunos escarceos entre  Verdes y  Conservadores dejan ver lo que será la campaña y la manera como se alinearán los sectores parlamentarios que, en su gran mayoría, respaldaran a quien observen con más probabilidades de ganar y ese, hasta ahora, es el presidente.
Por los lados de la oposición, el Uribismo no logra acreditar un candidato que recoja significativamente el arrastre de su líder mientras la  “izquierda” sigue dividida en diferentes formaciones que apenas comienzan a conversar sobre una consulta en que destacarían Clara López y Antonio Navarro, faltando una eventual representación política de la llamada Marcha Patriótica o, dependiendo de los diálogos, las FARC. Todos están, en las actuales encuestas y en la capacidad de cambiarlas en lo que falta, lejos de Santos y también de su eventual reemplazo, Germán Vargas, quien pareciera no acumular desgaste alguno sino todo lo contrario, sin romperse ni doblarse, en su paso por el gobierno, incluyendo lo que pueda pasar con los diálogos de Paz cualquiera sea su resultado.
La cosa sería Santos o Vargas, pero eso estaría garantizado si la política se redujera a la que mueven los congresistas. Las elecciones de 2010, sin embargo, reafirmaron que existen sectores de la población, fundamentalmente urbanos, que no se alinean con el voto parlamentario que se aglutina en los partidos. Eso fue la Ola verde y los 3,6 millones de votos del ahora “desaparecido” Mockus, que recogió gran parte de la inédita votación de Carlos Gaviria en una elección anterior.
Descartada la participación del procurador, la oposición Uribista queda en manos de candidatos sin suficiente reconocimiento. De acuerdo con las encuestas el voto de Uribe no es endosable pero, sin duda, podría acoger, dependiendo de las circunstancias, entre 3 y 4 millones de votos de los 9 que consiguió Santos en 2010. Enrique Peñalosa tratará de convocar  lo que queda de los Verdes para buscar convertirse en el líder de una coalición que incluiría al Uribismo.
Si las elecciones fueran hoy, con seguridad tendríamos una segunda vuelta a la que llegarían Santos(o Vargas) y el candidato Uribista o el que resulte de los sectores de Izquierda. Paradójicamente, al hoy presidente puede convenirle más competir con el Uribismo y convencer a los votantes de izquierda para consolidar un triunfo que hoy parece asegurado. Si nada extraño pasa, el proceso de paz definirá la coyuntura política entre  “amigos” y “enemigos” del proceso que se alinearán en esa segunda vuelta.
No  se debe olvidar que ahora el Liberalismo está del lado del Presidente y la pregunta para responder es si será el Partido que en la primera vuelta de 2010 apenas alcanzó 638.000 votos, su votación más baja de la historia o el que, de acuerdo con las encuestas, sigue siendo el sentimiento mayoritario entre los colombianos. Recientemente el Barómetro de las américas, por ejemplo, encontró que los simpatizantes Liberales pasaron de  18,9% en el 2010, con el hoy ministro Pardo,  a 38,6% en el 2012. Valdría la pena añadir que  en 2008 estaban en 41.3%, antes de Pardo,  en el mismo estudio, descartando actos de magia en la política contemporánea.
En cualquier caso no serán los sectores parlamentarios sino los de opinión los que van a definir las presidenciales de 2014. Los congresistas Conservadores, por ejemplo, tendrán un ojo puesto en el presupuesto y la evolución de la situación política y otro en la composición de las listas del Uribismo, pero no serán una fuerza decisiva. Si Santos logra interpretar el sentimiento Liberal, un concepto más amplio que el de partido, y aglutinar sus vertientes históricas, no necesitará de mucho más para ser elegido nuevamente. Pero un año es un año. En política, una eternidad.
@herejesyluis

lunes, 3 de junio de 2013

Venezuela: crisis y oportunidad


Por: Luis Carvajal Basto

El uso reiterado de lenguaje violento, amenazas y denuncias contra supuestos enemigos externos puede ser una forma de hacer política al interior, pero también una señal de debilidad.


Mejor buenos gobiernos y adecuadas políticas que inculpar a los vecinos por un acto de elemental cortesía y por lo que sucede o deja de ocurrir en Venezuela. ¿Valdrá la pena repetir episodios, ya conocidos, que en lugar de mejorar deterioran una relación fraterna por naturaleza?

Los problemas de nuestros hermanos venezolanos no se encuentran, mayormente, en Colombia. Qué Maduro no era Chávez, para los venezolanos, se notó en los apretados resultados de las elecciones presidenciales. Qué después de tantos años en el gobierno el proyecto Chavista evidencia desgaste, también. Qué el desabastecimiento resultante de la crisis cambiaria y los problemas de pagos están generando una nueva y negativa coyuntura en Venezuela, es evidente. Ninguno de ellos es responsabilidad de Colombia.
A Maduro se le ha crecido una débil oposición política y se observa fraccionamiento en el bloque de poder, con un Cabello que parece tener agenda propia y el respaldo de sectores importantes de unas fuerzas armadas deliberadamente politizadas. Sus declaraciones incendiarias, después de la reunión Santos-Capriles, no le dejaron mucho margen de maniobra al mismo Maduro, quien no podía aparecer, ante sus propias fuerzas, menos radical o “patriota” que aquel, amplificando la actual crisis.
El gobierno de Colombia ha actuado diplomáticamente en este episodio. No tuvo inconveniente en reconocer al nuevo gobierno y el resultado de las pasadas elecciones, pero tampoco en escuchar al líder de una oposición en ascenso que ha salido a denunciar el supuesto fraude electoral por el vecindario. Se dice, incluso, que en un acto amistoso el gobierno de Colombia notificó, sin necesidad de hacerlo, al de Venezuela previamente sobre la visita de Capriles, de manera privada. No ha respondido, y lo ha hecho bien, tampoco a tanto insulto que a nadie conviene.
El vuelo político que ha tomado la oposición venezolana, en el trasfondo de todo este asunto, puede explicarse más por los propios desaciertos del gobierno que por la intervención de terceros o por los hechos positivos de sus contradictores internos. Los resultados electorales demuestran que para desgastarse al interior del país, Maduro no necesita ayuda. Una mirada a la estructura productiva y al comercio venezolano, por ejemplo, revela que el desplazamiento, hacia el Estado del control y administración del comercio está en el origen de la actual crisis cambiaria: en un periodo de doce años, de 1999 a 2012, el gobierno triplicó su participación en las importaciones totales mientras que los exportadores privados vieron reducida, hasta casi desaparecer, su participación (inferior al 2%) en el total de exportaciones. Todo eso ocurrió en un espacio de tiempo en el que el precio del petróleo pasó de 18 a 100 dólares haciendo la crisis cambiaria inexplicable sino fuera por los desaciertos en la ejecución de políticas.
Si los problemas de Venezuela no se encuentran en Colombia, una parte de sus soluciones sí: Maduro debería considerar, más bien, que la puerta abierta por Santos a la oposición venezolana es una forma de canalizar las expresiones de un sector amplio de la población que, luego de acusarle de fraude, se muestra renuente a dialogar con él, anunciando tiempos difíciles para nuestros paisanos del otro lado del Arauca. El escenario tiene tendencia a empeorar con los precios del petróleo a la baja en 2013 por la caída en la demanda China, la recesión en Europa y los efectos de la revolución tecnológica que empieza diversificar y cambiar el panorama de las fuentes de energía.
Podrían también estimar los dos gobiernos que una forma práctica de resolver los problemas es continuar con la recuperación del intercambio comercial venido a menos por decisiones políticas desde 2010, cuando el comercio legal se redujo en más de un 70%.Reducir aranceles al comercio entre ambos países es condición indispensable pero no suficiente. Como el problema, para los empresarios colombianos, es de pagos (Si pagan en tres días los surtimos, ha dicho el presidente de FENALCO) Valdría la pena rescatar una propuesta realizada hace años por el Liberalismo colombiano, según la cual Venezuela podría pagarnos sus importaciones con petróleo, manejando las cuentas entre gobiernos, tal y como se hacía en otros tiempos con los países de la cortina de hierro que a cambio de café nos entregaban automóviles, aunque fueran obsoletos.
Las crisis son, por lo general, oportunidades. Esperemos que la dirigencia venezolana tenga la prudencia y visión necesarias para convertir esta en una.

lunes, 27 de mayo de 2013

Somos Pacífico


Por: Luis Carvajal Basto

La Alianza del Pacífico puede ser el punto de partida de una nueva América.


El inmenso mercado que se encuentra del otro lado del Océano puede ser el pretexto ideal para iniciar un proceso de integración que mejore, realmente, la vida de la gente en esta parte del continente. Sin embargo, no se trata “solamente” de vender bienes y servicios optimizando las perspectivas del trabajo Nacional.
Sabemos dónde comienza pero no dónde termina un proceso integrador, como la alianza del pacífico, una vez se comiencen a conocer y disfrutar sus beneficios. La libre movilidad de bienes y personas, el primero de ellos, es oxígeno puro en un mundo contaminado por la recesión. La mayor capacidad de negociación y la utilización de economías de escala, que son posibles por un mercado ampliado, le concederá un nuevo estatus a la política comercial pero también al nivel de vida de las personas.
Argumentos como que, comenzando, representamos la octava economía del planeta no son fáciles de desechar. El arranque, con un objetivo de 90% del universo arancelario desgravado, tendrá un profundo impacto, en el corto plazo, en nuestra economía, planteando retos inmediatos a empresarios, trabajadores y gobierno. Aquí, es fundamental la intervención del Estado para coordinar, remover y promover a los sectores más competitivos en el nuevo escenario. Extraña la escasa presencia de la SAC, que debería ser uno de los más interesados, en estos prolegómenos de la alianza.
A estas alturas conviene dar una mirada a éxitos y fracasos en procesos similares. El grupo Andino, por ejemplo, nunca pudo ser la realidad que se esperaba por la visión a corto plazo de sectores  en cada país que, entonces, sentían temor de perder sus pequeños mercados y, más recientemente, por las diferencias políticas en la orientación de los gobiernos. Pero esa experiencia ha sido superada por la globalización y por la historia. Con una economía irremediablemente integrada y unos costes de transporte internacional acercándose cada vez más a cero, resultan inútiles barreras y muros. Como consecuencia de ellos, el comercio con Venezuela se redujo casi un 60% en los últimos años, pero solo el formal porque la prohibición, como es natural, ha dado lugar al que no se contabiliza pero fluye, como contrabando, a través de la extensa frontera.
Para casos de éxito está Europa que, saliendo de una guerra fratricida, fue capaz de inventarse y hacer realidad la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) que fuera primero el pilar de la Comunidad Económica y más tarde de la Unión Europea. La lección es que comenzaron produciendo hechos, más que discursos, a los cuales se integraron, desde su origen, empresarios y trabajadores, teniendo como norte el interés supranacional, beneficioso para todos, coordinado y estimulado desde los diferentes Estados, entendiendo que el objetivo fundamental es el bienestar y mejor calidad de vida de las personas.
La Alianza del Pacífico es un enorme reto que aprovecha varias oportunidades económicas e históricas, pero su suerte depende de la seriedad con que lo asumamos. Para empezar, no se pueden tardar más proyectos como una vía de verdad que integre  puertos como Buenaventura y Tumaco y el eje Arauca - Villavicencio-Buenaventura. No puede ser que los costos internos de transporte superen los internacionales. Los discursos y las perspectivas están muy bien, pero ahora la tarea debe ser avalada con hechos. La integración no es muy diferente a un romance en que el novio le propone a su novia: “tú y yo, juntos, podemos hacer realidad los sueños que no podríamos cada uno por su cuenta”.