lunes, 25 de junio de 2012

El esperpento



Por: Luis Carvajal Basto

La fracasada reforma a la justicia puso en evidencia bajos intereses de quienes ocupan altos cargos, así como la ineptitud de otros, pero también las razones de una delicada fractura institucional en que salen perdedores instituciones y partidos.


Como resultado positivo, se pudo observar que la opinión y los contrapesos, aunque no estén reglados, existen en la sociedad contemporánea y que la nuestra, con todos sus defectos, es una democracia informada.
Pocos colombianos dudan que el país necesite una reforma a la justicia. Lo que nos ha sorprendido a todos es la versión que presentaron los encargados de ejecutarla en su versión para beneficio personal, a la medida de cada quien, que terminó en perjuicio de todos y donde lo “único” que falta, en esencia, es la defensa del interés colectivo, saliendo, de paso, damnificadas las instituciones.
La indispensable reforma a la justicia terminó convirtiéndose en un pretexto para legislar en causa propia por parte de magistrados y la mayoría de congresistas, quienes parecieron ejecutando un juego de roles en que lo más lamentable fue observar a togados, encargados de juzgar parlamentarios, haciendo cabildeo para quedarse amarrados a sus sillas. Mejor dicho: usaron la reforma para todo lo contrario: conservar lo peor de nuestras malas costumbres políticas.
El divorcio entre congreso y opinión pública quedó demostrado con la subestimación que se hizo de la última y que dio lugar a la reacción presidencial, alertada por la reacción del ministro de justicia ante los pésimos resultados de una conciliación de la que estuvo ausente y de la que, con su renuncia, ha salido con altura y dignidad, la misma que les falta a los verdaderos promotores de la reforma que ahora presentan excusas o se esconden. Pero el país, afortunadamente, no es el que imaginan los malos políticos y la reacción de rechazo no se hizo esperar, sintiéndose en el ambiente. Tomó forma de referendo revocatorio y nadie sabe, a estas alturas, si la declaración presidencial de rechazo a la reforma le cortará las alas o lo catapultará.
En lugar de una reforma lo que se ha creado es un nuevo escenario en que los “choques de trenes”, entre ejecutivo, congreso y poder judicial, son poca cosa comparados con la fractura entre instituciones y opinión pública que la mala política se empeña en profundizar: a una crisis global del sistema político y los gobiernos, le hemos añadido formas de chapucería que no se corresponden con el país que somos; con la tecnología y niveles de información de que hoy disponemos. El fracaso de la reforma debe, para comenzar, servir como notificación para formas de hacer política mandadas a recoger.
En este nuevo escenario creado por el veto presidencial, aun con incertidumbre política sobre sus efectos jurídicos, tampoco sabemos cómo quedan las relaciones entre las tres ramas del poder aunque, claramente, pierden valor las acciones del congreso y la rama judicial que, ante su incapacidad para saldar sus conflictos de intereses, resultan expuestos a una iniciativa gubernamental o ciudadana que les revoque. Con sus mayorías en el congreso el gobierno no debería tener interés en promoverla, pero todo dependerá de la presión que pueda ejercer la opinión, tanto como las circunstancias políticas, estando sobre la mesa la eventual reelección del presidente, quien, dependiendo de cómo marchen las cosas, podría verse entre abanderar un referendo o “padecerlo”, junto con la clase política.
El divorcio entre formas de hacer política corruptas, obsoletas y parroquiales, que generaron la malograda reforma a la justicia, con la opinión pública en una sociedad informada, ha dado lugar a una propuesta de referendo que tiene más sentido político que jurídico, lo cual no debe sorprendernos si se considera que las estructuras partidistas habitan un mundo diferente al de los ciudadanos del común y las reformas políticas, hasta ahora, han sido de y para congresistas.
En un momento en que todos tratamos de responder a la pregunta acerca de si la objeción presidencial es jurídicamente viable, olvidamos que llegamos hasta aquí como consecuencia de pugnas entre las diferentes ramas del poder que, finalmente, dieron como resultado el esperpento del que nadie se quiere responsabilizar. Hay que decirlo claramente: este asunto no se resolverá en un juzgado sino políticamente y, en el mediano plazo, la opinión pública tiene todas las posibilidades de perder.
Y eso es una lástima porque se sigue minando la credibilidad en la política, en los partidos y en las instituciones, como una vía para reducir las desigualdades aunque a nadie le importe: estamos ocupados fabricando esperpentos que seguirán devorando la democracia.
@herejesyluis
Posdata: cuando parecía increíble que el partido de la U pudiera ejercer, simultáneamente, gobierno y oposición, el ex presidente Pastrana, con tantos amigos en el gobierno, aparece lanza en ristre en su contra. ¿Alguien entiende?

lunes, 18 de junio de 2012

Colombia en tiempos de crisis



Por: Luis Carvajal Basto
Si situamos el origen de lo que hoy ocurre en la burbuja financiera de 2008, no tendremos que ir muy lejos para observar la manera como nos afectará, tanto como para pronosticar que no nos debe ir tan mal.
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Mientras el mundo está pendiente de los desarrollos de la crisis europea, la evolución de España y los resultados de las elecciones en Grecia, en Colombia comenzamos a debatir su impacto. Hace pocos días fue el Ministro de Hacienda quien dio la noticia de que venía un periodo difícil y apenas la semana anterior el gerente del Banco de la República, al dar un parte de tranquilidad, señaló con razón, que el país contaba con los instrumentos monetarios y cambiarios para afrontarla. Podemos añadir que ello es verdad, al menos en el corto plazo.
Pero si consideramos que la crisis en Europa es un capítulo de la que inició en 2008, debemos reconocer que nadie estaba preparado para lo que hasta ahora hemos visto: crisis del sistema bancario pero también de los gobiernos, simultáneamente con recesión en Estados Unidos y en el viejo continente. Aunque la pérdida de empleos en los países desarrollados se explica por su falta de competitividad frente a China y el rendimiento comparado de los capitales al invertir allí, lo que genera y multiplica la incertidumbre es la manera extemporánea como las instituciones han reaccionado, produciéndose un corto circuito entre ellas y la realidad económica.
El cuestionamiento a los gobiernos no tiene que ver solamente con el extendido déficit y está más relacionado con el alcance de las decisiones y los presupuestos locales en una economía globalizada. El descrédito de políticas y políticos en cada país es explicable si se entiende que controlan los presupuestos nacionales pero no, y cada vez menos, un entorno determinante, revelándose una paradoja en la globalización.
La política rara vez actúa en tiempo real y, como lo enseña lo que hoy ocurre en Europa, pueden pasar años antes de conseguir consensos. En Estados Unidos no es diferente y esa es la razón por la que el debate entre modelos económicos se ha convertido en el corazón de la campaña presidencial, pasando a segundo plano donde, cómo, cuando, en qué gobiernos y con qué políticas comenzó la actual debacle. La extemporaneidad de las decisiones públicas está arrasando con la confianza y aumentando la incertidumbre con los efectos del caso, aumentados por la lentitud y la dispersión de los sistemas políticos y las respuestas que ofrecen.
Es ese escenario, salvo por la caída del PIB en 2009, a Colombia no le ha ido mal en el entorno de crisis, aunque nuestro crecimiento esté más relacionado con el aumento de la producción petrolera que con mejoras en competitividad. Lo que puede venir estará determinado, fundamentalmente, por el precio y los volúmenes de producción de crudo. Una recesión generalizada nos afectará, pero en el mediano plazo no se observa un aumento de la oferta mundial ni una reducción de la demanda de consideración.
Otras variables exógenas, como la disminución en las remesas provenientes de Europa y Estados Unidos, menos del 1% del PIB, no tendrán tanto impacto y la reducción de las exportaciones a Europa, 15% del total, no son comparables con la dinámica de crecimiento que han tenido. En cualquier caso, el colchón de seguridad del país puede referirse no solo a las herramientas monetarias y cambiarias, sino a las potencialidades de restablecer el mercado venezolano, para unas exportaciones intensivas en mano de obra, y dinamizar nuestro comercio con China actualmente destino de apenas el 3% de nuestras exportaciones. El TLC con los Estados Unidos, en cualquier escenario, algo debe agregar.
Por otra parte, el actual diferencial entre las tasas de interés nacionales y las internacionales hacen poco probables dificultades cambiarias y el receso en Europa hace mirar hacia Colombia a muchos inversionistas que encuentran atractivas nuestras expectativas y cifras de crecimiento, así como las condiciones de seguridad jurídica. La inversión extranjera mantiene su tendencia ascendente.
Contrario a lo que ocurre a nivel internacional, el sistema bancario y las finanzas públicas están más que boyantes y la demanda interna debe reaccionar mejor a los niveles de gasto del gobierno y con ella el empleo. Como se dijo, nadie está suficientemente preparado para una crisis y menos si tiene tendencia a empeorar, pero, esta vez, tenemos razones fundadas para considerar que podremos capear el temporal.
@herejesyluis

lunes, 11 de junio de 2012

Aprendiendo a gobernar



Por: Luis Carvajal Basto

Aunque el alcalde diga lo contrario, una renuncia protocolaria de los secretarios de despacho es una crisis de gabinete ¿Tan diferente es la ciudad que encontró a la que pensó hace cinco meses?, ¿descubrió que con su equipo estaba en el lugar equivocado? O, sencillamente, ¿se anticipa a una revocatoria de su mandato?


La renuncia del miembro más importante del gabinete, a tan corto tiempo de ser nombrado, puede ser un asunto personal, como le sucedió a Antonio Navarro el ex secretario de gobierno de Bogotá. Personal es que dos funcionarios no se comprendan en la forma de trabajar o que alguno encuentre destinos mejores o que se presenten problemas de salud, familiares etc. Puede ser personal pero no deja de ser, cuando menos, sorpresiva, si se tiene en cuenta que de alguna manera y hasta la elección de Petro, Navarro ocupaba un lugar más elevado que él en los “altares” de la izquierda colombiana; ex Ministro, ex Gobernador y dirigente histórico del reintegrado M19.Muchos entendieron su aceptación de la secretaría como una concesión de su parte y su pronta renuncia como un desengaño, aunque fuese “personal”, tal y como la calificaron el mismo Navarro y el alcalde.
En cualquier caso quedan dudas ante los resultados, según los cuales el secretario Asprilla, su sucesor y ex concejal, pasó casi sin discusión el plan de desarrollo que tan solo días antes estaba “vetado” luego de los encontrones entre Petro y el concejo.
Pero la renuncia de los doce secretarios es, claramente, un asunto político, una crisis, aunque el alcalde diga que “Cualquier suposición de crisis, o diferente a lo que aquí he dicho, no es más que desinformación".
La tarea de gobernar, en democracia, es una que requiere la combinación de muchos factores: experticia, conocimiento, comunicación, participación, planeación y control, gerencia, búsqueda de consensos etc., lo cual la revela como diferente a ganar elecciones y no es una cuestión ideológica sino de eficiencia. El proceso Petro se puede modelar de manera sencilla: pasó de denuncios, para ganar las elecciones, a anuncios, para mantener la popularidad y la expectativa ciudadana. ¿Gobierno? Bien poco.
La aprobación del plan de desarrollo de la ciudad fue la segunda “medida de aceite” a la actual administración. La primera fueron las sucesivas encuestas que han mostrado la inconformidad ciudadana. El cambio de gabinete es una reacción a las dos, buscando evitar que las cosas maduren hasta llegar a una tercera que podría ser la revocatoria de su mandato, más ahora que la Ley reduce las condiciones para proponerla y desarrollarla. En ese sentido puede ser una decisión tomada antes de que las circunstancias lo arrollen, pero en todo caso es un “mea culpa”, un reconocimiento de que las cosas no iban por donde, a su parecer, debían dirigirse, en lo que la opinión pública está de acuerdo.
Todo parece indicar que en la aprobación del plan el alcalde llegó a algunos consensos con la clase política o consigo mismo que se traducen en la crisis de gabinete, lo cual es un resultado natural de los procesos políticos, aunque el diario El Tiempo, en un editorial, señale que criticó a las políticos para terminar haciendo lo mismo que ellos. Otra frase del mismo alcalde podría explicar mejor la cosa “La petición de renuncia a los miembros del gabinete que he hecho tiene como objetivo evaluar y hacer ajustes de cara a la ejecución del plan”.
Desde otro punto de vista, le resultaba impracticable combinar el cuestionamiento de la opinión, cómo lo han medido las encuestas, simultáneamente con la confrontación con los políticos, decidiéndose por un plan concertado, aunque para ello debiera sacrificar primero a Navarro y luego a buena parte de su gabinete. Los resultados se empiezan a observar: muchos concejales olvidaron que el plan estaba desfinanciado antes de que el alcalde le pidiera los puestos a sus secretarios.
En todo esto, no debemos ignorar que la ciudad, con una población y un presupuesto superior a más de setenta países, se encuentra aun en una crisis cuyo último capítulo son los llamados carruseles de la corrupción a los cuales no se llegó de manera accidental: La improvisación en la gestión pública no es una exclusividad del alcalde Petro sino un común denominador de los países con baja madurez institucional.
En el caso de Bogotá, vale recordar que llegamos hasta aquí después de episodios como el de Transmilenio y un descrédito del liderazgo político que se refleja en el caos de su sistema de transporte pero también en una participación electoral significativamente inferior al promedio nacional. El mismo Petro fue elegido con menos del 33% de los votos. ¿Cuantos le quedarán?

lunes, 4 de junio de 2012

Por culpa de Europa



Por: Luis Carvajal Basto

Las cifras de crecimiento, empleo y la situación fiscal de Colombia, son mejores que en muchos años; sin embargo, ante la crisis europea, algunos han calificado como efecto de ella nubarrones que se han empezado a ver. ¿Será cierto?


Las expectativas en el viejo continente no son buenas y, lamentablemente, tienen tendencia a empeorar. No se refieren solamente a su economía; lo que se observa es una crisis de las instituciones construidas en conjunto en un esfuerzo de más de cincuenta años. El sueño de una Europa unida podría convertirse en pesadilla.
Hasta el triunfo de F. Hollande, bajo el claro liderazgo de Alemania, la unión europea, hace apenas unas semanas, marchaba en un sentido único, aunque se pueda calificar como “equivocado”. ¿Hasta dónde puede llegar ahora el choque entre las visiones encontradas de la señora Merkel y el nuevo presidente de Francia?, ¿Cuál será el efecto de la cada vez mayor intervención de la unión europea en España y los demás países con problemas? En resumidas cuentas, ¿Será el fin o un nuevo comienzo que incorpore unas instituciones de gobierno, económico y político, fortalecidas y supranacionales?
Nadie lo sabe, pero la crisis ha revelado que la unidad monetaria ya no es suficiente y tampoco la implementación de política económica en un escenario en que las decisiones las toman los políticos en cada país. Que se extienda la percepción de que los gobiernos nacionales no sirven para nada, beneficia solo a los malos pescadores en ríos turbios. La discusión entre austeridad o crecimiento parece de poca monta si se compara con quienes se benefician por que el Estado no exista o tenga las manos atadas, que es lo que significa en últimas, la aplicación de reglas fiscales a ultranza.
Hasta ahora, las malas expectativas en Europa han propiciado la caída del euro y la subida del dólar- refugio, aunque sea temporalmente, también en Colombia. Pero eso no es suficiente para afirmar que ya se está sintiendo aquí la crisis europea y que podría ser responsable de algunos indicadores negativos en ventas, construcción y manufactura. En realidad, la fortaleza del dólar también beneficia claramente a nuestras exportaciones y el efecto contrario no se empieza a notar: las importaciones siguen “disparadas”.
La semana anterior, en cambio y por ejemplo, se generaron dos noticias alentadoras para nuestra economía por cuenta de la crisis europea: la aprobación unánime, por parte de los ministros de la Unión, del TLC con Colombia, que se ve ahora como un excelente mercado potencial por unas industrias que no encuentran clientes locales. La otra tiene que ver con el retiro masivo de capitales en España, 66.000 millones de euros solo en mayo, que se encuentran buscando donde ser invertidos. Algo debe venir para Colombia, después de los “filtros” de francos suizos y dólares, teniendo en cuenta nuestras altas tasas de interés. Son consecuencias de la crisis que nos podrían afectar, en ese caso, positivamente. Cómo se empieza a decir por ahí: en tiempos de crisis unos lloran y otros venden pañuelos.
En cambio de atribuir al fantasma de la crisis europea algunos números rojos, sin consistencia, en nuestra economía, habría que mirar los efectos del incremento de las tasas de interés establecidas por el Banco de la República: en 2009, en medio de la crisis mundial y cuando nuestro PIB descendió al 1.7% desde 6.9% en 2007, la tasa de intervención se situó en 9%, descendiendo después hasta 3% en mayo de 2010, cuando comenzó a subir hasta el actual 5.25%. La demanda se resiente porque comprar se vuelve costoso, frenándose no solo el consumo.
Mientras Europa entra en receso, la economía China se “enfría” y busca la manera de superar la caída de exportaciones dinamizando su consumo interno, y Estados Unidos hace “magia” para consolidar, lentamente, su salida de la crisis con el apoyo decidido de la reserva federal, aquí hemos puesto el freno con las altas tasas de interés. Las noticias no son tan malas y tampoco vienen todas de Europa.
Posdata: Mientras Medellín ya intenta, al menos, solucionar el problema de movilidad reduciendo el pico y placa, para lo cual no han necesitado más que tomar decisiones de gobierno, en Bogotá no hemos sido capaces de tapar el hueco de la 98 con 11. Ya completó cinco meses de gobierno, Alcalde. Pasamos de las denuncias a los anuncios. Se trata es de gobernar.
@herejesyluis 

lunes, 28 de mayo de 2012

La brecha digital



Por: Luis Carvajal Basto

¿Cómo hacer para que la revolución tecnológica, mantenga sus características democráticas?


El acceso, en tiempo real, a la información y el conocimiento disponible, así como la posibilidad de interactuar con cualquier habitante del planeta, pueden ser algunas de las características más importantes de los saltos cualitativos que hemos vivido en los últimos decenios. Sus efectos en la economía y en nuestra forma de vida se sienten por todas partes, pero apenas comenzamos a familiarizarnos con su impacto.
El actual puede calificarse como un periodo de transición, también en la política. En la era de internet un ciudadano negro llegó a la Presidencia de los Estados Unidos y los egipcios se disponen, por primera vez en miles de años, a elegir un mandatario en democracia. Si bien nadie está en condiciones de anticipar lo que vendrá, sectores significativos como educación, la industria de medios y la prensa tratan de adaptarse a las nuevas realidades.
El acceso a internet y a las nuevas tecnologías es hoy un fundamento de la democracia, aunque hubiese “sorprendido” a nuestras constituciones e instituciones. El libre acceso a la información y al conocimiento, disponen ahora de la mayor herramienta que ha conocido la humanidad, convirtiendo su utilización en un asunto de principios y en un tema de Estado.
En ese escenario, y aunque no se considere tampoco en indicadores que miden la pobreza, el acceso a internet es un asunto de equidad. Existe correlación con crecimiento y bienestar. En Norteamérica un 80% tiene posibilidades de acceso, mientras que en Sur-américa apenas el 41%.En Colombia, con más de 6.000.000 de conexiones y una cifra superior al 50%, estas crecieron 2000% en el periodo 2000-2011, mientras que en Estados Unidos “apenas” lo hicieron en un 158%.Hay que decir que, en este caso, la brecha digital se reduce. También la desigualdad.
La industria de medios ha sentido el terremoto digital y existe una gran discusión acerca del futuro de los impresos. Una de las grandes preguntas, sin respuesta uniforme todavía, es la que se refiere al cobro por el acceso a las ediciones “en línea”. En Colombia, de acuerdo a informaciones conocidas, diarios como El Tiempo se alistan para a publicar en la red una edición similar a la impresa, efectuando la transición a una edición virtual a la que tendrán acceso quienes paguen.
La verdad es que si bien hemos tenido un aumento asombroso de ciudadanos y consumidores “en línea”, la pauta publicitaria no ha correspondido todavía, aunque se perfila en decidido ascenso: para el año 2010 significó tan solo algo más del 6% de la inversión publicitaria total y alguien debe financiar la actividad. Esta es otra brecha, una que el mercado se encargará de cerrar, pero mientras tanto, las empresas deben subsistir. Desde otras latitudes, y sirviendo como ejemplo, llama la atención que nuevas empresas virtuales como Facebook o Twitter adquieran valoraciones millonarias en unos pocos años.
En teoría y en el largo plazo, el modelo de financiación de la información no será muy diferente al que tenemos ahora: parte por los anunciantes, parte por los lectores. Ese “equilibrio” es una garantía de independencia y objetividad, pilares del funcionamiento del régimen democrático. Resulta difícil, en cambio, predecir lo que ocurrirá en el “entretanto”, al producirse una brecha entre quienes pueden pagar y quienes no lo pueden hacer, al no cumplirse, en la práctica, un principio de igualdad. La salida podrá parecerse a lo que ocurre hoy con la televisión, una abierta y una paga, donde los contenidos y la calidad tendrán mucho que ver.
A diferencia de lo que ocurre con el sector educativo, en el que el Estado interviene buscando equidad, invirtiendo con justicia ingentes recursos que siempre serán escasos, el derecho a informar e informarse no puede depender de los presupuestos públicos. El dilema está planteado. 

lunes, 21 de mayo de 2012

Arrancó el TLC



Por: Luis Carvajal Basto
Desde la semana anterior el tratado de libre comercio con los Estados Unidos dejó de ser una expectativa o un debate ideológico, para convertirse en una realidad con consecuencias cuyo desarrollo depende, en buena parte, de los colombianos, pero mucho más de la capacidad de nuestros dirigentes


En teoría, la ampliación de mercados o el libre comercio permite que quienes participan en él obtengan mejores resultados para los participantes que los que conseguirían de manera autónoma. El nombrado “gana gana”. Esto está probado matemáticamente desde David Ricardo quien demostró, con su teoría de las ventajas comparativas, que la especialización genera excedentes o ganancias.
Sin embargo, en todos los casos, la distribución regional de esas ganancias es un asunto por ver que depende de las particularidades de cada proceso. ¿Quién se queda con qué? Más adelante, se produce una tendencia a la igualación en los precios de los factores de producción al dejar de ser abundante lo que antes del comercio lo era y al ser menos escaso lo que era escaso.
Son justificadas y por ello están en la letra menuda del tratado, las prevenciones con los subsidios a los productos agrícolas en los Estados Unidos que generan distorsiones en los precios. Desde otro punto de vista, la importación de alimentos subsidiados podría tener incidencia positiva en el control de la inflación al mejorar la capacidad de compra de los salarios.
No deja de ser paradójico que el TLC se ejecute, por fin, en un momento en que el proceso de unidad Europea, el más grande proyecto de unión económica en democracia que ha tenido la humanidad, se encuentra fuertemente agrietado y con tan malas expectativas que casi amenazan su supervivencia. Aquí, empezamos a utilizar un camino por el que los europeos pasaron hace décadas. En este caso, sin embargo, los efectos de lo que ocurre allí podrían tener un saldo en positivo, en medio de una eventual debacle internacional, al desplazar inversiones hacia América, propiciando la generación de nuevos empleos, contrario a lo explicado por el ministro de Hacienda colombiano, quien anticipó, al menos, año y medio de penurias por cuenta de la crisis en Europa.
A pesar de las previsiones en positivo, resulta difícil establecer con certeza las consecuencias de nuestro TLC por cuenta de factores, como nuestra incipiente infraestructura, que afectan la competitividad. Será determinante también, en lo que ocurra, mantener las condiciones de estabilidad política, Institucional y jurídica, siendo allí donde radica la responsabilidad y visión de mediano y largo plazo y no solo las “agallas” de la dirigencia empresarial, sindical y política.
En el corto plazo, sin embargo, esa dirigencia debe ocuparse en resolver dos asuntos eminentemente “prácticos” que podrían comenzar a definir nuestra suerte en el tratado: la revaluación del peso y la capacidad del sistema aduanero para hacer cumplir los cupos de importación de productos altamente sensibles.
Empezando por lo más “sencillo”, sin un control aduanero eficiente podrían desaparecer renglones enteros de nuestra economía de los que dependen miles de empleos, como es el caso de algunos cultivos (arroz, frijol, maíz) y la industria avícola. En este caso, la sistematización de las aduanas, para tener un control contable del cumplimiento de los cupos, no parece suficiente en un país con extensas fronteras e histórica y culturalmente proclive al contrabando.
Más complejo resultará lidiar con la revaluación del peso en un escenario en que mientras las tasas de interés en los Estados Unidos se mantendrán cercanas a cero, por una clara intervención de la reserva federal y como respuesta a la crisis, en Colombia han subido significativamente, comenzando a resentir la producción manufacturera (descenso del 0.9% en marzo, con relación a marzo de 2011), las ventas y sectores fundamentales como el de construcción. Para no andarnos “por las ramas”, parece llegada la hora de modificar las funciones Constitucionales del Banco de la República, adicionando al control de la inflación un mandato para promover empleo y crecimiento. Resulta indispensable, también, el uso de esta “herramienta” en el arranque del TLC. Por cierto, la otra parte del tratado, los Estados Unidos, la utiliza de manera eficiente.
@herejesyluis

lunes, 14 de mayo de 2012

El efecto Hollande



Por: Luis Carvajal Basto

La victoria del candidato Socialista en Francia reacomoda el tablero de la política y la economía en todo el mundo. Ahora debe convencer primero a sus colegas europeos, acerca de la conveniencia de promover el crecimiento y la equidad desde el gobierno, sin ahuyentar a los inversionistas y sin que su pulso con la dirigencia alemana ocasione fisuras en Europa.


Las primeras reacciones que se encontró el nuevo presidente de Francia fueron miel y sal: los mercados a la baja por la incertidumbre acerca de los resultados de su pulso con la señora Merkel y las declaraciones de la misma en el sentido de abrir una conversación acerca del tamaño de la promoción del crecimiento desde las entidades de gobierno, pero con la advertencia clara de que el pacto fiscal, que impone austeridad, no se encuentra en discusión.

El escenario Europeo es más que complejo: con unas expectativas de crecimiento de apenas el 1% en 2013 y la amenaza latente de un efecto dominó en España, Portugal e incluso Italia, no se vislumbra la manera de generar los empleos que necesitan. Tampoco, la forma de aumentar la inversión pública sin nuevos impuestos que harían a sus economías menos competitivas. Fórmulas como devaluar o acabar con el euro, serían un claro retroceso para el proyecto de unidad y tendrían efectos mundiales catastróficos.

Por lo pronto, el efecto Hollande también se siente en los Estados Unidos. Más allá de la similitud de sus propuestas con las ya probadas del presidente Obama, que sirvieron para crear cuatro millones de nuevos empleos en los últimos años, la situación de incertidumbre  por el final de la alianza Merkel-Sarkozy, podría retardar la salida de Europa, principal destino de las exportaciones norteamericanas, de la crisis, afectando el proceso de reelección del mismo Obama.

La cruda realidad de la política limita el alcance de la coherencia y conveniencia en los discursos: ya nadie recuerda que los orígenes de la actual crisis estuvieron relacionados con una burbuja que no se termina de desvanecer y que aumentó de tamaño con la sobrevaloración de activos de las entidades financieras, tanto en Norteamérica como en Europa, ni el papel  apenas de observadores que desempeñaron los gobiernos mientras ello ocurría, debiendo luego, sin embargo, hacerse cargo del lastre de las bancarrotas.

Luego de un periodo en que de manera increíble se abrieron paso las teorías de austeridad como receta exclusiva para salir de la crisis, revolviendo desconfianza e incertidumbre con déficit fiscal y crisis de los gobiernos, la victoria de Hollande parece reconfortante y esperanzadora, pero es en el terreno del crudo pragmatismo en donde esta discusión se resolverá: crecimiento, nuevos empleos etc. Las herramientas de gasto público y flexibilidad en la política monetaria, anunciadas por Hollande, deben ser usadas sin generar incertidumbre y sin deteriorar el proceso de unidad europea, lo que en un momento como el actual aumentaría las posibilidades de una recesión generalizada, afectando la recuperación en los Estados Unidos y de paso, la reelección del presidente Obama. De ese tamaño son las responsabilidades del  nuevo presidente de Francia.

La elección de Hollande significa un espaldarazo para quienes consideran que el Estado, como promotor del crecimiento y la equidad, resulta fundamental para la democracia. Que no podemos renunciar a las instituciones que otorgan preeminencia al interés general sobre el de cada quien. Que las herramientas de que disponen los gobiernos  deben ser utilizadas para propender por el bien común y no el de alguien o algunos en particular. En adelante, será un punto obligado de referencia para los ciudadanos del mundo.

Más allá de eso, conviene recordar que estamos asistiendo a un periodo de grandes transformaciones, que dificultan el margen de maniobra de los gobiernos nacionales, con impacto en el régimen político, inmejorablemente sintetizadas  por el dirigente Español Felipe González  quien ha dicho recientemente que "Es evidente que el ámbito de realización de la democracia no responde a los desafíos de la revolución tecnológica, que globaliza la economía, el comercio y lo único que trata de controlar son los flujos migratorios, lo cual es contradictorio". Estado nacional vs economía y política cada vez más globales, esa es la paradoja en que debe moverse el presidente de Francia y quienes habitamos este planeta. Suerte y pulso, presidente.
@herejesyluis