lunes, 8 de noviembre de 2010

Los “dueños” de Bogotá


Por: Luis Carvajal Basto
Mientras la Gestión Pública tuvo un salto cualitativo en 1992 con la descentralización y una nueva cultura tributaria que ha permitido mejorar los niveles de gasto e inversión, se ha desarrollado una indeseable forma de esquilmar los impuestos que pagamos.

Antes del estatuto orgánico, que hizo posible la Constitución del 91, las formas de corrupción en la ciudad se relacionaban con auxilios, concejales que cogobernaban las empresas públicas y utilización de terrenos no aptos por parte de urbanizadores piratas que recogían votos y plata de familias pobres. Eran los “dueños de Bogotá”.

La cosa ha cambiado, pero no tanto. Los carruseles se refieren a los contratos, sin embargo atrás de ellos se ha configurado un engranaje que no es difícil describir, por lo conocido: ¿Alguien creerá que tanta corruptela se ha podido desarrollar a espaldas de los organismos de control? Sí estos resultan de ternas votadas en el concejo, se abre el camino para el intercambio ilegal de favores, característica primaria del clientelismo y la corrupción.

El asunto se ha complicado en cuanto los partidos no actúan como tales. Sus miembros en cargos de representación son, con notables y contadas excepciones, ruedas sueltas. Las Leyes de bancada siempre permiten singularidades y con frecuencia se ha esgrimido como argumento último la objeción de conciencia. Eso explica la manera en que miembros de la U y otros Partidos, en teoría opositores, han participado en la coalición que gobierna a Bogotá.

Si los Partidos ajustan los controles siempre existe la posibilidad de transfuguismo. Los microempresarios electorales se buscan otro Partido. Los dirigentes de mayor talla, como lo hacen con frecuencia los ex alcaldes, los crean ahorrándose la controversia, el control interno y de opinión. Tal es el caso de Peñalosa y Garzón, ex Liberal, ex comunista, ex polo, ahora verdes, o lo contrario, como el ex concejal y precandidato Luna, ex Peñalosa y ahora Liberal.

Lo que nadie puede creer, a pesar de los notables errores y posibles delitos en la actual administración de Bogotá, es que solo desde 2.008 se inventó el actual modelo de corrupción popularmente conocido como “carrusel”. Denuncias llegadas a los medios, que deben ser constatadas por las autoridades, muestran como los Nule tuvieron continuidad en contratos en las administraciones Mockus y Garzón, por ejemplo.

Como se observa, ahora los “dueños” de Bogotá son otros y la corrupción que nos preocupaba en 1992 ha mutado pero no desaparecido. Bogotá requiere ahora de una nueva reforma Institucional que otorgue más herramientas a la participación y veeduría ciudadanas, profundice la descentralización y mediante la cual personero y contralor sean elegidos por voto popular y no por coaliciones de concejales como ocurre actualmente. A ver si los Bogotanos del común son más dueños, por fin, de su ciudad.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Carrusel genera síndrome del “yo no fui”


Por: Luis Carvajal Basto
Conductas develadas por las vinculaciones entre dirigentes políticos, administración y el actual escándalo de la contratación, pueden explicar, en parte, el declive no solo del Polo. También de Partidos tradicionales.

Ningún Partido diferente al Polo ha hecho parte de sus administraciones, de acuerdo con lo que expresan dirigentes que abandonan el barco de Bogotá. Puestos y contratos son “a título personal” y “de ninguna manera comprometen al Partido” se oye decir. Pero sabemos ahora que los beneficiarios, directos o indirectos, son los mismos que postulan a sus amigos a los diferentes cargos para beneficio particular.

Lo anterior nos recuerda que la política en Colombia se ha vuelto unipersonal. El sol que más caliente o quien más puestos dé a cambio del apoyo de cada microempresa electoral. Eso deslegitima al sistema político, a los mismos partidos y solo beneficia a quienes, fortalecidos con la administración, “engrasan” la maquinaria de su privado carrusel.

Uno de los más grandes damnificados por estas malas costumbres ha sido el Partido Liberal. A nivel Nacional cayó de casi seis millones de votos en 1998 a seiscientos mil en 2010, cifra parecida a la alcanzada por López Pumarejo en 1942 cuando Colombia tenía una quinta parte de la población actual. En Bogotá, ciudad en que históricamente obtuvo mayorías, descendió a la increíble cifra de 77.000 votos en 2010.

Puede decirse que este es otro Liberalismo y no representa al sentimiento Liberal que en Colombia sigue siendo mayoritario; que su director actual fue pieza fundamental en las derrotas del candidato Liberal en 1998 y 2002, lo cual es verdad pero no excluye otras explicaciones, como las que se han revelado ahora con el carrusel de los contratos.

¿Cuáles funcionarios, a nombre del Partido Liberal, han ejercido en las administraciones del Polo? ¿Cuales han hecho parte de la coalición que ha gobernado? Desconcierta lo dicho por el Director actual, Doctor Rafael Pardo, según la cual la respuesta es ninguno.

Es el síndrome del “yo no fui” que aqueja también a otros Partidos, ahora que la administración del Polo colapsa. Lo que se demuestra es que no existe continuidad ni coherencia en las conductas públicas de las Instituciones y las reformas políticas no atacan este moderno filibusterismo, de manera frontal.

Pero no debemos olvidar por ello que las grandes reformas Institucionales, también en Bogotá, son producto de ideas Liberales, como la descentralización promovida por el ex Alcalde Jaime Castro a quien también correspondió otorgar rango Constitucional a la ciudad, excluir a los concejales de las juntas directivas de las empresa públicas, transformar las antiguas zonas en localidades, con competencias y recursos, y recuperar financieramente a la ciudad.

Seguramente porque es esa la manera en que los Liberales, que no votan en los últimos años por los candidatos que presenta el Partido, aplican sus creencias políticas de forma diferente a como lo suelen hacer muchos de los actuales dirigentes de la fracción o asociación de microempresarios en que se ha convertido: para no reconocer la realidad y afectados con el síndrome del yo no fui, siguen el ejemplo de los avestruces enterrando su cabeza y de paso el futuro político y la Historia de un gran Partido.

  • Luis Carvajal Basto

lunes, 25 de octubre de 2010

El “Partido” de la corrupción


Por: Luis Carvajal Basto
Si algo ha demostrado el escándalo de los carruseles en Bogotá es que los corruptos están en todos los partidos y que las ideologías le han cedido el paso a las chequeras de los dineros robados en el ejercicio de la política.

Hizo muy bien el doctor Juan Lozano, presidente del Partido de la U, al confrontar a sus concejales y llevarlos a retirar el apoyo político a la administración del Polo en Bogotá, lo cual era un adefesio inexplicable si se tiene en cuenta que en el imaginario popular, ese que vota, aparecían como rivales.

En esta sacada de trapos entre corruptos en que, al decir del señor Nulle, ”los que no pagábamos anticipos, comisiones y extorsiones nos quedábamos sin contratos", no ha quedado casi nadie indemne, comenzando por el Polo que se va quedando con el pecado y sin el género, en cuanto dirigentes históricos como Petro denuncian los resultados de la administración actual que ellos auparon, como la de Garzón quien en esto ha guardado un extraño silencio, dada su habitual locuacidad.

Otro tanto se puede decir del Liberalismo oficialista que, habiendo hecho parte de la coalición y las administraciones del Polo por seis años ,por debajo de la mesa, sale con que “en esto nada tiene que ver el Liberalismo”, olvidando, por ejemplo, que su respaldo a la candidatura de Garzón fue decisivo para que el Polo ganara las elecciones comenzando el proceso que hoy conocemos y que el representante Molano, con quien comenzó este episodio, fungía como dirigente del Liberalismo en Bogotá y promotor de la candidatura Presidencial del Doctor Pardo, sin que el Partido se pronuncie hasta hoy sobre su conducta.

La magnitud de lo denunciado trasciende el escenario político y llegado al Penal, dado que se trata de Ladrones de cuello blanco y Mayúscula. El Fiscal general ha expresado que por lo denunciado por el señor Nulle debe rastrear desde la administración Garzón. Los ciudadanos esperamos que cumpla y tenga en cuenta que fue el mismo Garzón en cuya administración se escogió como “contralor” quien fuera antes gerente de sus campañas, el mismo de los apartamentos en Miami. ¿Ejercería sus funciones?

En esta ocasión también se observa la manera en que las conductas mafiosas, tratando de enlodar a los demás para hacer aparecer las propias como mal menor, han permeado la política. Meter en el mismo saco al gobierno Nacional no exculpa a unos u otros de sus responsabilidades. La presentación del alcalde Moreno el pasado viernes fue un saludo a la Bandera. No dijo más que vaguedades, pero fue preciso al comenzar con la frase “…el ex Presidente Uribe y yo…”.

¿Se trata de una puja por las venideras elecciones de Alcalde en que precandidatos como el Concejal Galán y el mismo Petro tratan de adquirir protagonismo mediático? No señor. Se trata de ladrones que deben ejercer con su “Partido”, el de los corruptos, no en el escenario de la democracia sino en el reclusorio.

  • Luis Carvajal Basto

lunes, 18 de octubre de 2010

¿Uribe, alcalde?


Por: Luis Carvajal Basto
En medio de una tormenta política y jurídica que involucra a cercanos colaboradores, el ex presidente agita el ambiente político buscando consolidar su movimiento para elegir alcaldes y gobernadores en las próximas elecciones regionales y preparar las presidenciales de 2014. Sin embargo una aspiración a la Alcaldía de Bogotá, sin duda exitosa si las elecciones fueran hoy de acuerdo con su imagen en las encuestas, podría terminar prematuramente con la unidad de la coalición del Presidente Santos.

No cabe duda que, de no ocurrir un milagro, el Polo será relevado en la administración de Bogotá y que ni el Liberalismo oficialista, ni el Conservatismo ni Cambio Radical, miembros de la coalición de gobierno, tienen un candidato suficientemente fuerte.

Se habla de una consulta interpartidista entre los Verdes, Cambio Radical e incluso el actual oficialismo Liberal para escrutar un candidato opcionado. También, que la U postularía a Oscar Iván Zuluaga, buscando un “peso pesado”.

No se sabe si los amigos del Presidente Uribe estén promoviendo a Zuluaga, a quien no conocen en Bogotá, para “quemarlo”, correspondiendo a Uribe recuperar la Alcaldía o al contrario. En cualquier caso están generando gran desconcierto en la propia coalición.

El director del Conservatismo, por ejemplo, ha expresado recientemente que el ex Presidente es de la U y sus reuniones con el Conservatismo no tienen carácter Institucional etc. Si no está propiamente partiendo cobijas por lo menos lo parece, lo cual resulta increíble tratándose de su ex Jefe quien además lo liberó haciéndole Ministro. Pero su actitud da una idea del tono de la actual situación. Ni hablar de la opinión del oficialismo Liberal y Cambio Radical, miembros de la coalición que ya tienen pre candidatos.

El asunto se complica al considerar que el ex asesor Presidencial José Obdulio Gaviria, quien mejor interpreta los silencios del ex Presidente, hace pocos días descartó una candidatura de Uribe a la Alcaldía.

Pero el ex Presidente ha comenzado a hablar de una “cirugía burocrática” para Bogotá, posicionando un discurso que retoma el camino de las reformas institucionales. ¿Será para catapultar al bogotanamente ignoto Zuluaga? Porque como argumento político no hace falta para deslegitimar al Polo que, con los escándalos de los carruseles y el trancón, ha hecho esa gestión por cuenta propia.

El voto en Bogotá para alcalde es de opinión y poco tiene que ver con maquinarias. Uribe tiene gran aceptación y sigue marcando alto en las encuestas, pero su candidatura a la Alcaldía desvirtuaría su dimensión y gestiones nacionales, anticipando una ruptura en la actual coalición de Gobierno. ¿Estará dispuesto a asumir esos costos, añadidos a los que le han correspondido por actuaciones de sus subalternos?

lunes, 11 de octubre de 2010

¿Qué ocurre con la Ley de regalías?


Por: Luis Carvajal Basto
Difícil de explicar el ausentismo en el congreso para no votar la Ley de regalías. Ni el recelo público entre los diferentes sectores de la nueva coalición o la falta de atención a las requisiciones naturales de los congresistas explican esa actitud, claramente deliberada y práctica parlamentaria conocida.

Se dice en la calle que el Uribismo puro y duro le quiere “medir el aceite” al Ministro del Interior y está inconforme con el protagonismo adquirido por el recién llegado Liberalismo oficial y Cambio Radical que, según esas voces, hace poco cuestionaban al mismo Santos. La reunión en palacio con la U y las declaraciones de Armando Benedetti reclamando las mayorías de su partido, confirmarían que el ausentismo no fue más que una notificación a Vargas Lleras y al propio Presidente.

Pero hay más. La de regalías es probablemente la Ley de más complejo trámite en la actual agenda por la diversidad de intereses económicos y regionales que confluyen. Gobernadores y Alcaldes disponen de los presupuestos, pero en momentos como este deben hacer Lobby en el congreso y atender también solicitudes de los congresistas.

La ley responde a un criterio sano de redistribución regional y social entendiendo que las riquezas del subsuelo son de todos los colombianos. Los pobres de departamentos no productores, como el Chocó, se verán beneficiados sin que los de departamentos productores se vean afectados. Ello es posible por múltiples circunstancias, entre ellas volúmenes y precios esperados y porque el “gana -gana” es un concepto matemático y económico demostrable, como lo ha hecho el gobierno al proyectar los ingresos hasta 2012.

Estas razones no han sido suficientes para convencer a Gobernadores y Alcaldes que verán temporalmente menguada su capacidad de ejecución de gasto, y su influencia genera distorsiones en el Congreso, por lo que resulta simplista atribuir el ausentismo a falta de gestión por parte del Gobierno. Algunos han querido definir este momento como de deslinde entre Uribe y Santos, pero ello no es así en cuanto el gobierno no expresa una agenda política diferente, al menos frente a las próximas elecciones regionales.

La silla vacía es una figura que hemos encontrado los colombianos para castigar la ineficiencia de los Partidos frente a actuaciones dolosas de los congresistas. Resulta por lo menos paradójico que estos la utilicen ahora para enviar mensajes al ejecutivo. No tiene tanta credibilidad este congreso, ni siquiera comparado con el desastre del anterior, para gastarla en conductas que el País no entendería.

Posdata:

Los Liberales del mundo estamos felices con el Nobel a Vargas Llosa quien en el mundillo “mamerto” de los 70s fue capaz de reivindicar la utopía de Libertad y dignidad, de manera consistente y defender las propias, incluso a trompadas y con puntería, como lo testimonia el ojo de García Márquez en la foto recién publicada.

lunes, 4 de octubre de 2010

El desbarajuste de Bogotá


Por: Luis Carvajal Basto
La capital afronta un momento de caos observable en sus trancones, pero una mirada a lo que ocurre en su órgano de control político, el concejo, puede explicar la manera en que pudimos llegar hasta aqui.

La ciudad es invivible. Desplazarse por ella se ha convertido en un acto casi heroico. Obras que nunca se terminan, trabajadores y máquinas paralizados, comerciantes quebrados y ciudadanos al borde del desespero, como ocurrió la semana anterior en la calle 94 cuando un irracional trancón estuvo a punto de convertirse en protesta cívica.

Si no fuera porque se han revelado hechos inéditos en la política de la capital, cualquiera pensaría que la responsabilidad es imputable exclusivamente a inexpertos e “invisibles” contratistas que hace pocos años no existían y de un tiempo a hoy se han convertido en exclusivos “dueños” del presupuesto público.

Pero el asunto no es tan sencillo y empieza a tener repercusiones en la política Nacional luego de conocerse serias denuncias, que no han sido aclaradas, según las cuales concejales de la U cogobiernan con el Polo, de manera vergonzante, por debajo de la mesa. Es decir, tienen puestos y contratos pero no responsabilidad en el desorden y mucho menos intenciones de ejercer control político sobre la administración.

Si añadimos al descrito episodio otros recientes como los vínculos no explicados del pintoresco personero, quien dice que los trancones no existen, con DMG, o la denuncia de Caracol sobre una conversación que compromete al contralor en hechos de corrupción, entenderemos mejor las razones del actual desbarajuste en un momento en que arrancó la campaña para Alcaldía.

Personero, Contralor y Concejo deben representar a los ciudadanos ejerciendo control sobre la administración. Si ello no ocurre así el entramado institucional no funciona; si lo denunciado es real, como parece, estamos ante una tenaza siniestra. ¿Quien la controlará?

Corresponde inicialmente al Presidente de la U, Doctor Juan Lozano, pronta y claramente, explicar si su partido participa en la administración de Bogotá, y si sus concejales tienen franquicia especial para obrar en contrario de las directrices nacionales. Eso aclararía un poco este oscuro panorama, con tendencia a complicarse a medida que se acercan las elecciones regionales.

¿En qué momento Bogotá dejó de ser una capital modelo, con estatuto propio, finanzas recuperadas, una ciudad posible, después de Jaime Castro, comparada con los carruseles y etcéteras que ahora observamos? Podría decirse que en la Administración Garzón, en la que el contralor fue el mismo gerente de sus campañas políticas, pero ello no es posible porque Garzón tampoco es responsable por lo que haga el Polo. Al fin y al cabo ahora es el líder de los Verdes.

lunes, 27 de septiembre de 2010

¿Y nada ha pasado de Marquetalia a La Julia?

¿Y nada ha pasado de Marquetalia a La Julia?

Por: Luis Carvajal Basto
En 50 años muchas cosas cambian. Pero en los últimos 50 las transformaciones políticas y tecnológicas en Colombia y el mundo muestran realidades y saltos cualitativos sin precedentes, que las Farc se empeñan en no ver.

De los movimientos campesinos de entonces, poco queda. De la revolución Rusa y los Partidos Comunistas en Europa y el mundo, menos. Las dictaduras ideologizadas o no, han casi desaparecido y solo el fanatismo religioso, afortunadamente ausente en nuestro país, se mantiene como “justificación” del terror.

En muchas latitudes, en cambio, quienes fracasaron en sus pretensiones violentas accedieron al manejo del Estado utilizando las herramientas de la democracia. Desde la revolución de los claveles en Portugal y los gobiernos socialistas en España, hasta más recientemente el Presidente de Uruguay, la social democracia de Lula y el mismo Chávez demostraron que para redistribuir los ingresos nacionales no se necesita secuestrar ni matar a nadie. Es el centro de la propuesta socialdemócrata y Liberal, que se expandió y lo sigue haciendo por el mundo, destacando la función del Estado en la reducción de los desequilibrios sociales, independientemente de sus aciertos o equivocaciones.

La falta de sincronismo con la Historia nos muestra, 50 años después, una guerrilla bien diferente a la de sus orígenes, pero que curiosamente mantiene el mismo discurso y a la que no le ha servido ningún gobierno, ningún cambio en el régimen político (recordemos la lucha contra el continuismo del frente Nacional), lo cual determinó primero su aislamiento y derrota política, al compás de los secuestros , extorsiones y actos terroristas, como el del club el nogal, que incorporó a sus prácticas consiguiendo movilizar a la opinión, pero en su contra.

Por el contrario y como desafortunadamente ha ocurrido a muchos partidos e Instituciones, el impacto del narcotráfico ha mantenido vivas las finanzas de la guerra y generando que el País gaste tiempo y recursos valiosísimos en un conflicto inútil que nadie quiere perpetuar.

La descentralización y elección popular de alcaldes y gobernadores, por ejemplo, han hecho posible que en estas décadas, diferentes expresiones regionales y políticas accedan al gobierno. En Bogotá, ciudad cuya población y presupuesto es superior a la de muchos países, hace dos periodos gobierna la oposición y en Nariño un ex guerrillero es su gobernador, luego de pasar por la Alcaldía de su capital. La oposición ha perdido y ganado, siguiendo las reglas de la democracia. Que hagan o no buena gestión es otra cosa.

La innegable crisis de las Farc convierte este momento en su mayor oportunidad para despertar de un letargo de más de 50 años y reconocer que el mundo cambió, que en Colombia existen pobres, como en muchos países, pero que los gobiernos no hacen rico ni pobre a nadie y que solo educación, competitividad y posibilidades de trabajo permiten a las sociedades mejores niveles de bienestar.

Mucha agua ha corrido por debajo de los puentes desde los inicios de las Farc, como diría un poeta chileno, para seguir pensando que nada ha pasado.”Quien no reconoce los cambios es un imbécil”, expresó alguna vez certeramente el Presidente Santos y este es un buen momento para registrar tantas transformaciones. Al gobierno corresponde mantener el pulso firme sin olvidar que la mano tendida es otro pilar de la seguridad democrática y la Paz y prosperidad que todos deseamos.