Instalación del Congreso
El beso de Piedad
Es poco lo que se puede decir del inicio de sesiones del Congreso. El protagonismo corrió por cuenta de la Presidenta saliente, quien lloró, y de Piedad Córdoba, quien abrazó y besó al Presidente. ¿Beso de Judas? ¿Quién lo sabrá?
Luis Carvajal Basto
El Espectador
lunes, 23 de julio de 2007
El acto se inició con un balance pobre de un Congreso más pobre, en el cual Dilian Francisca Toro se refirió al compromiso que cree haber cumplido con los compatriotas del Pacífico. No dijo nada de sus colegas detenidos y sindicados, pero lloró. Seguramente al recordarlos. Es apreciable ese acto genuino de sensibilidad. Pero ellos hubiesen preferido una manifestación de solidaridad y nosotros, los colombianos no congresistas, un balance más profundo de lo que el anterior Congreso no hizo. Que fue mucho más de lo que hizo, es decir, tratar de negociar la Gobernabilidad.
Dos cosas quedan claras en este inicio de sesiones: que se siguen cumpliendo los compromisos al interior de la coalición de Gobierno, al menos, en la elección de mesas directivas. Pero eso en una coalición que como muchos matrimonios está pegada con babas, no se debe tanto al liderazgo de los partidos, como al del Presidente, que mantiene el equilibrio a pesar de la ruptura en la U (¿alguna vez un partido?) y la anarquía de los movimientos minoritarios.
La otra, que no se entiende la laxitud del Gobierno en la anterior legislatura, la cual lo dejó hipotecado con las nuevas condiciones de la moción de Censura. El primer round en esas nuevas condiciones, se verá al momento de ratificar, o no, los innumerables e impagables micos incluidos en el Plan de Desarrollo.
Uribe no improvisó y presentó las conocidas cifras que respaldan y explican su proyecto político. En un discurso dirigido más a los empresarios que a los congresistas, se ratificó en los fundamentos de la Seguridad Democrática y en la necesidad de mantener las condiciones que permiten la “confianza inversionista”, como variable fundamental para el crecimiento. Se preocupó por crear un ambiente favorable a las enmiendas al TLC y se ratificó en que no habrá despeje.
Su planteamiento de otorgar prioridad a la erradicación manual sobre las fumigaciones, es un mensaje, tal vez el único, a la comunidad internacional y más precisamente al congreso norteamericano: sin importar la magnitud de la ayuda de ese país, seguirá en la cruzada contra el narcotráfico.
Merece la atención lo que no dijo: no habló de problemas como la revaluación y los efectos de los aumentos de las tasas de interés en el desempeño futuro y las expectativas de la economía; en lo que espera del congreso norteamericano con relación al TLC; el proceso de paz con el Eln y los desarrollos de Justicia y Paz.
Deja la impresión, a pesar de la dura y apenas natural condena, que con las Farc no abre ninguna puerta, pero tampoco la cierra. Da por sentado que la cerraron ellos. Todo esto por una razón elemental en el ejercicio del Gobierno: son temas sobre los cuales no quiere compromisos que lo condicionen para tomar decisiones, sobre ellos quiere mantener una agenda abierta que le permita maniobrar.
Luego de este breve registro, lo más desconcertante de este acto de instalación del Congreso, fue la actitud de la senadora Piedad Córdoba, al abrazar y besar al Presidente. Se sabe que lo cortés no quita lo valiente, pero no se puede olvidar que a ese mismo Uribe y su Gobierno los ha denunciado en foros internacionales por hechos no probados, afectando la institucionalidad, al calor de los “debates” de Petro y seguramente para no quedarse atrás.
Ella, tan combativa, tan “frentera”, tan “siempreviva”, como se dice que es, en un acto infinito de melosería. ¿Será que ha renunciado a su controvertido estilo? ¿Se avecinan nuevos vientos en la relación con Uribe? ¿Ha recibido información que desvirtúa lo que antes pregonaba? ¿O será solo por llamar la atención? ¿Quién sabe? Definitivamente lo único previsible de ella es su turbante.
Publicación Liberal que tiene como propósito el estudio de los temas de opinión, política y Gobierno( a veces Futbol).Sus principios son tres:Observar los hechos,Dudar de todo y preguntarse de que manera las acciones de Gobierno hacen la vida de los ciudadanos mejor.Digna y Libre.Sin carreta.
jueves, 26 de julio de 2007
PRESIDENTE: DEBE SER UN LIBERAL
En la Corte Constitucional
Presidente: debe ser un liberal
Cumpliendo el mandato Constitucional, el Senado, sí, este Senado cuestionado por la opinión y muchos de sus integrantes por la misma Justicia, debe elegir un nuevo magistrado de la Corte Constitucional, en un momento decisivo para nuestra estabilidad como Nación.
Luis Carvajal Basto
El Espectador
jueves, 19 de julio de 2007
Nadie dirá que será escogido por el respaldo político que tenga, sino por sus cualidades como académico o profesional. Pero es así. Entre otras cosas porque lo dispuso la Constitución en el artículo 239.
El Senado es un organismo político. Tal vez el más. Con unas bancadas que funcionan a conveniencia porque la Ley que las reglamenta, a pesar de los esfuerzos de la misma Corte, contiene una objeción de conciencia que la convierten en “un saludo a la Bandera”, como se demostró al final de la pasada legislatura. Debo decir que los principios que fundamentan el que sea el Senado, son completamente razonables. Los asuntos Constitucionales son políticos. Ni más faltaba, aunque duela que sea este Senado al cual no le ganan en desprestigio sino la guerrilla y los paramilitares, como han demostrado las más recientes encuestas.
Eso nos deja en manos de la coalición que tiene las mayorías, es decir, en manos del Gobierno, es decir, del Presidente Uribe que también es nominador y quien tiene la obligación de acertar, más que nunca. Se trata, como siempre, en principio de las condiciones que se dan por descontado y que fijan la Constitución y la Ley.
Además, las de credibilidad que exige el momento político y la opinión pública interna e internacional. También, las regionales y las de género. Pero no nos digamos mentiras, serán definitivas las políticas. Cualquier Presidente, en cualquier país, trataría de nominar al más competente, capaz y honesto, que simultáneamente fuera capaz de interpretar el periodo complejo y de amenazas a la gobernabilidad que el país atraviesa. En eso debe estar pensando Uribe. Ni más faltaba. No creo que nomine y su coalición escoja a uno de sus contradictores a ultranza. Ni ellos lo harían si tuvieran la oportunidad. Aunque digan lo contrario. Cosas de la política.
Uribe, experto en imponer agendas y sorprender, pareciera comprometido a nominar un candidato de origen conservador. Así lo ha pregonado la dirigencia de ese Partido. No sé si en las filas conservadoras existan tan buenos abogados y constitucionalistas, como dirigentes políticos con la capacidad de cambiar de opinión y dejarse llevar por las rabietas del ex presidente Pastrana, o más bien con el lúcido pragmatismo de líderes como Carlos Holguín, o académicos ilustres con experiencia en gestión pública, como Augusto Ramírez Ocampo, o constitucionalistas reputados, como Hernando Yépez. Uribe, en cuyos hombros reposa la confianza de la Nación, no puede equivocarse ni correr riesgos innecesarios.
Por eso, el Presidente debería mirar hacia candidatos que tengan antecedentes en su partido de origen, el Liberal, del cual jamás ha renegado. Allí no ha encontrado una oposición irreflexiva ni desconoce que muchos de quienes votaron por él, tal vez la mayoría, son liberales, aunque no estén carnetizados. Encontrará académicos con experiencia en diferentes ramas del Derecho, como lo permite la norma, e intachables antecedentes. Nombres como los de Juan Carlos Esguerra, LilIan Suárez Melo, Miguel González, Juan Manuel Charry, Gustavo Zafra, entre otros, son prenda de garantía y objetividad indiscutibles.
La postulación de cualquiera de estos nombres daría confianza plena y tranquilidad a los colombianos y le quitaría el tufillo de politiquería que tiene la pretensión conservadora. Pero también haría justicia con los antecedentes académicos de sus antiguos copartidarios, enviando el mensaje de independencia y grandeza que todos esperamos, Presidente.
Presidente: debe ser un liberal
Cumpliendo el mandato Constitucional, el Senado, sí, este Senado cuestionado por la opinión y muchos de sus integrantes por la misma Justicia, debe elegir un nuevo magistrado de la Corte Constitucional, en un momento decisivo para nuestra estabilidad como Nación.
Luis Carvajal Basto
El Espectador
jueves, 19 de julio de 2007
Nadie dirá que será escogido por el respaldo político que tenga, sino por sus cualidades como académico o profesional. Pero es así. Entre otras cosas porque lo dispuso la Constitución en el artículo 239.
El Senado es un organismo político. Tal vez el más. Con unas bancadas que funcionan a conveniencia porque la Ley que las reglamenta, a pesar de los esfuerzos de la misma Corte, contiene una objeción de conciencia que la convierten en “un saludo a la Bandera”, como se demostró al final de la pasada legislatura. Debo decir que los principios que fundamentan el que sea el Senado, son completamente razonables. Los asuntos Constitucionales son políticos. Ni más faltaba, aunque duela que sea este Senado al cual no le ganan en desprestigio sino la guerrilla y los paramilitares, como han demostrado las más recientes encuestas.
Eso nos deja en manos de la coalición que tiene las mayorías, es decir, en manos del Gobierno, es decir, del Presidente Uribe que también es nominador y quien tiene la obligación de acertar, más que nunca. Se trata, como siempre, en principio de las condiciones que se dan por descontado y que fijan la Constitución y la Ley.
Además, las de credibilidad que exige el momento político y la opinión pública interna e internacional. También, las regionales y las de género. Pero no nos digamos mentiras, serán definitivas las políticas. Cualquier Presidente, en cualquier país, trataría de nominar al más competente, capaz y honesto, que simultáneamente fuera capaz de interpretar el periodo complejo y de amenazas a la gobernabilidad que el país atraviesa. En eso debe estar pensando Uribe. Ni más faltaba. No creo que nomine y su coalición escoja a uno de sus contradictores a ultranza. Ni ellos lo harían si tuvieran la oportunidad. Aunque digan lo contrario. Cosas de la política.
Uribe, experto en imponer agendas y sorprender, pareciera comprometido a nominar un candidato de origen conservador. Así lo ha pregonado la dirigencia de ese Partido. No sé si en las filas conservadoras existan tan buenos abogados y constitucionalistas, como dirigentes políticos con la capacidad de cambiar de opinión y dejarse llevar por las rabietas del ex presidente Pastrana, o más bien con el lúcido pragmatismo de líderes como Carlos Holguín, o académicos ilustres con experiencia en gestión pública, como Augusto Ramírez Ocampo, o constitucionalistas reputados, como Hernando Yépez. Uribe, en cuyos hombros reposa la confianza de la Nación, no puede equivocarse ni correr riesgos innecesarios.
Por eso, el Presidente debería mirar hacia candidatos que tengan antecedentes en su partido de origen, el Liberal, del cual jamás ha renegado. Allí no ha encontrado una oposición irreflexiva ni desconoce que muchos de quienes votaron por él, tal vez la mayoría, son liberales, aunque no estén carnetizados. Encontrará académicos con experiencia en diferentes ramas del Derecho, como lo permite la norma, e intachables antecedentes. Nombres como los de Juan Carlos Esguerra, LilIan Suárez Melo, Miguel González, Juan Manuel Charry, Gustavo Zafra, entre otros, son prenda de garantía y objetividad indiscutibles.
La postulación de cualquiera de estos nombres daría confianza plena y tranquilidad a los colombianos y le quitaría el tufillo de politiquería que tiene la pretensión conservadora. Pero también haría justicia con los antecedentes académicos de sus antiguos copartidarios, enviando el mensaje de independencia y grandeza que todos esperamos, Presidente.
ESTAS ENCUESTAS
Estas encuestas...
El bajón de Uribe y la de Alcaldía en Bogotá, a tres meses de las elecciones regionales.
Luis Carvajal Basto
El Espectador
lunes, 16 de julio de 2007
Este fin de semana fuimos “sorprendidos” con los resultados de las más recientes encuestas cuyos principales hallazgos son la caída de la imagen de Uribe a niveles del 65% y el “foto finish” que se necesitaría en Bogotá para escoger Alcalde. En este último caso, se registra un empate técnico, pues es inferior la diferencia al margen de error de la encuesta. Valen la pena unas observaciones primero metodológicas y luego políticas.
Una encuesta correctamente diseñada y aplicada es infalible. El “error” de la que pronosticó el triunfo de María Emma sobre Samuel, está claramente en el diseño, que no tomó en cuenta el carácter cerrado de la consulta. El empate de ahora entre Peñalosa y Samuel es perfectamente creíble. El asunto es que estamos a tres meses de la elección y está por verse quien puede sacar ventaja. Lo que si queda claro es que no la va a tener tan fácil Peñalosa, como se creía. Por lo pronto, su negativo en imagen es más grande que el de Samuel. Ese es un boquete por donde se van a meter los asesores de campaña.
La que mide la caída de Uribe han dicho algunos que no es objetiva porque la muestra se refiere solamente a las principales ciudades. Objeción que no vale porque los resultados fueron comparados con idénticas poblaciones. La encuesta vale. Además sirve para identificar los factores que ocasionaron la caída, que entre otras cosas ya se había presentado, recuperándose Uribe.
Me atrevo a decir que detrás del rótulo “orden público” está el contrasentido que representó para la opinión la liberación de Granda y otros guerrilleros frente al asesinato de los 11 diputados. Es decir que las declaraciones de Sarkozy y el G8 no fueron registradas por la opinión dentro del país. En ese punto específico el costo que pagó el Gobierno fue superior a lo que obtuvo, dice la encuesta.
Otra cosa es que ese costo estuviera calculado como parte de una estrategia global de opinión y comunicaciones y que incluiría el efecto sobre el desgaste ocasionado por la parapolítica. Francamente no creo que el equipo de Gobierno tenga ese nivel de refinamiento y experticia. Si algo ha mostrado esta crisis es que los hechos le habían empezado a tomar ventaja a las estrategias de opinión del Gobierno. Incluso ahora Uribe se pone más duro con las Farc, pero después de los resultados de la encuesta. La aprobación al tratamiento a la guerrilla bajó del 65 al 53%.Y doce puntos, son un jurgo.
Se han señalado otros factores como la no prorroga del TLC y el aumento de las tasas de interés, para explicar el bajonazo. No creo, porque en ambos casos sus efectos no se han sentido. Tampoco que minen la confianza y la expectativa inversionista, todavía. En todo caso y si así fuera, los índices de crecimiento, tan positivos, amortiguarían el efecto negativo.
Llamaron la atención otros tres hallazgos de la encuesta. Que el negativo de Uribe nunca se había trepado hasta el 27% y que deben estar trabajando duro en Palacio para que no se vuelva una tendencia; que detrás de los paramilitares y la guerrilla, el Congreso es la entidad más detestada por la opinión; y, por último, que se empieza a ver más claro el abanico de candidatos en 2010. Garzon será el del Polo y si las elecciones fueran hoy, nuestro ahora callado y prudente Vicepresidente, el de la coalición Uribista, si no es el mismo Uribe. Ah, y que el Liberalismo no tiene un candidato que suba del 40% en positivo. El último, Serpa, no fue medido. Que vaina. Estas encuestas…
El bajón de Uribe y la de Alcaldía en Bogotá, a tres meses de las elecciones regionales.
Luis Carvajal Basto
El Espectador
lunes, 16 de julio de 2007
Este fin de semana fuimos “sorprendidos” con los resultados de las más recientes encuestas cuyos principales hallazgos son la caída de la imagen de Uribe a niveles del 65% y el “foto finish” que se necesitaría en Bogotá para escoger Alcalde. En este último caso, se registra un empate técnico, pues es inferior la diferencia al margen de error de la encuesta. Valen la pena unas observaciones primero metodológicas y luego políticas.
Una encuesta correctamente diseñada y aplicada es infalible. El “error” de la que pronosticó el triunfo de María Emma sobre Samuel, está claramente en el diseño, que no tomó en cuenta el carácter cerrado de la consulta. El empate de ahora entre Peñalosa y Samuel es perfectamente creíble. El asunto es que estamos a tres meses de la elección y está por verse quien puede sacar ventaja. Lo que si queda claro es que no la va a tener tan fácil Peñalosa, como se creía. Por lo pronto, su negativo en imagen es más grande que el de Samuel. Ese es un boquete por donde se van a meter los asesores de campaña.
La que mide la caída de Uribe han dicho algunos que no es objetiva porque la muestra se refiere solamente a las principales ciudades. Objeción que no vale porque los resultados fueron comparados con idénticas poblaciones. La encuesta vale. Además sirve para identificar los factores que ocasionaron la caída, que entre otras cosas ya se había presentado, recuperándose Uribe.
Me atrevo a decir que detrás del rótulo “orden público” está el contrasentido que representó para la opinión la liberación de Granda y otros guerrilleros frente al asesinato de los 11 diputados. Es decir que las declaraciones de Sarkozy y el G8 no fueron registradas por la opinión dentro del país. En ese punto específico el costo que pagó el Gobierno fue superior a lo que obtuvo, dice la encuesta.
Otra cosa es que ese costo estuviera calculado como parte de una estrategia global de opinión y comunicaciones y que incluiría el efecto sobre el desgaste ocasionado por la parapolítica. Francamente no creo que el equipo de Gobierno tenga ese nivel de refinamiento y experticia. Si algo ha mostrado esta crisis es que los hechos le habían empezado a tomar ventaja a las estrategias de opinión del Gobierno. Incluso ahora Uribe se pone más duro con las Farc, pero después de los resultados de la encuesta. La aprobación al tratamiento a la guerrilla bajó del 65 al 53%.Y doce puntos, son un jurgo.
Se han señalado otros factores como la no prorroga del TLC y el aumento de las tasas de interés, para explicar el bajonazo. No creo, porque en ambos casos sus efectos no se han sentido. Tampoco que minen la confianza y la expectativa inversionista, todavía. En todo caso y si así fuera, los índices de crecimiento, tan positivos, amortiguarían el efecto negativo.
Llamaron la atención otros tres hallazgos de la encuesta. Que el negativo de Uribe nunca se había trepado hasta el 27% y que deben estar trabajando duro en Palacio para que no se vuelva una tendencia; que detrás de los paramilitares y la guerrilla, el Congreso es la entidad más detestada por la opinión; y, por último, que se empieza a ver más claro el abanico de candidatos en 2010. Garzon será el del Polo y si las elecciones fueran hoy, nuestro ahora callado y prudente Vicepresidente, el de la coalición Uribista, si no es el mismo Uribe. Ah, y que el Liberalismo no tiene un candidato que suba del 40% en positivo. El último, Serpa, no fue medido. Que vaina. Estas encuestas…
MI ALFONSO LÓPEZ
Mi Alfonso López
Independencia, carácter o talante, visión histórica, algo de herejía, sentido social, una aguda inteligencia y su devoción por el Liberalismo, son parte del legado de uno de los colombianos mas importantes del siglo 20.
Luis Carvajal Basto
El Espectador
miércoles, 11 de julio de 2007
Mis primeros recuerdos de López tiene que ver con el MRL del cual mi padre fue activo militante. Le vi por primera vez en la calle 11 de Bogotá en nuestro campero, iniciando una gira por la Presidencia. Entonces, contrariando las decisiones de su padre, protestó contra la alternación bipartidista y habló de socialismo con autoridad, desde el Liberalismo.
Del MRL recuerdo su línea blanda, cercana a la ortodoxia liberal y dura, influenciada por la Revolución Cubana que entonces descrestaba a muchos intelectuales colombianos. López, pragmático, dejó su testimonio, pero aceptó el Ministerio de Relaciones y luego la Gobernación del Cesar. Ese pragmatismo no cayó bien en su militancia, pero le abrió el camino y le dio la experiencia pública necesaria para llegar a la Presidencia.
De su gobierno, del mandato, claro recuerdo dos hechos que serán inolvidables para todos: El nombramiento por primera vez de una mujer como Ministra, nuestra querida María Helena de Crovo y el cumplimiento de su promesa según la cual en los 100 primeros días los matrimonios católicos podrían obtener el divorcio otorgado por la Ley civil. De esa campaña, la consigna de “López es el Pollo” nos mostró su rostro vallenato.
Entre otras cosas, es a López a quien se debe la aceptación del Vallenato en Bogotá de la clase media para arriba. Antes de su Gobernación del Cesar, los bogotanos sabíamos de vallenato por un programa que hacía Carlos Arturo Melo en directo, por Radio Juventud los domingos a la una. Después de López, pudo ser lo que ahora es.
López también es responsable del legado socialista del Liberalismo. Fue él quien propició la afiliación de nuestro Partido a la internacional socialista. Patrocinador del Instituto de Estudios Liberales, IEL, con el ex presidente Samper, se preocupó de que los jóvenes liberales tuviéramos un sitio de encuentro que sirviera al partido como tanque de pensar.
Fue él, también, quien dio los primeros pasos para que el Partido adquiriera una solidez institucional con unos estatutos renovados. A López debemos, entre muchas cosas, la compra de la casa de la calle 36 que le dio al Partido una necesaria estabilidad e imagen institucional.
De su dimensión como estadista quisiera recordar dos hechos. Su papel fundamental en El tratado Torrijos-Carter que devolvió a los panameños la soberanía sobre el canal. Poco conocido es, sin embargo, que ese Tratado también protegió los intereses de Colombia. La capacidad de conciliar intereses demostrada por López en ese asunto, puede ser la mejor aplicación de una teoría con fundamentos matemáticos, la de las ventajas comparativas de David Ricardo, a las Relaciones Internacionales.
El otro hecho es que aún sobre los 90 años y “retirado” de la vida pública, su preocupación por la suerte de sus congéneres, en especial los más pobres, se mantenía intacta. Estaba encantado con el impacto que en los precios de los alimentos tendría la llamada Revolución transgénica que según él permitiría producir mas calorías a menores costos.
De sus últimas opiniones en asuntos públicos quiero dejar testimonio de la solidaridad incansable demostrada con los familiares de los secuestrados en poder de las Farc, en busca de un acuerdo humanitario y de su percepción según la cual el Liberalismo debería superar el debate entre uribistas y anti uribistas, recuperar la unidad y el poder como Partido. Y su declaración después del 28 de mayo pasado según la cual Uribe se había convertido en el Liberal más votado, aún como disidente del Oficialismo.
Para terminar esta breve evocación de López quiero recordar una anécdota que refleja su talante y personalidad. En abril de 2005 organizamos la última cumbre de ex presidentes y dirigentes liberales en el Hotel La Fontana. Después de mucho, por última vez, asistieron a un encuentro liberal los ex presidentes López, Turbay, Gaviria y Samper.
El asunto es que al llegar el ex presidente Turbay, López se alejó y miró para otro lado. Eran conocidas sus diferencias por el “Uribismo” de Turbay no compartido por López en ese momento, que revivió sus viejas pugnas políticas. No lo quería saludar. Turbay, más afable, estaba dispuesto y se dirigió a López quien, finalmente, le extendió la mano, pero no le dirigió la palabra.
A la hora del almuerzo, sentados con las señoras en una pequeña mesa, López mantuvo su distancia y se dedicó a conversar sobre el potencial de nuestro Llano. Turbay, incomodo con la situación, abrió su propia conversación sobre Juan Pablo Segundo y su experiencia como Embajador en Roma. Fue la última vez que se encontraron estos dos gigantes del Liberalismo vivos.
Es así por que López, con Hidalguía y solidaridad, acompañó a Turbay en su último viaje. Nos deja mucho, Presidente López. Su ejemplo y su talante, ese, propio de los Liberales. Para nuestro provecho y el de las generaciones que vendrán, se mantendrán vivos y vigentes para siempre.
Independencia, carácter o talante, visión histórica, algo de herejía, sentido social, una aguda inteligencia y su devoción por el Liberalismo, son parte del legado de uno de los colombianos mas importantes del siglo 20.
Luis Carvajal Basto
El Espectador
miércoles, 11 de julio de 2007
Mis primeros recuerdos de López tiene que ver con el MRL del cual mi padre fue activo militante. Le vi por primera vez en la calle 11 de Bogotá en nuestro campero, iniciando una gira por la Presidencia. Entonces, contrariando las decisiones de su padre, protestó contra la alternación bipartidista y habló de socialismo con autoridad, desde el Liberalismo.
Del MRL recuerdo su línea blanda, cercana a la ortodoxia liberal y dura, influenciada por la Revolución Cubana que entonces descrestaba a muchos intelectuales colombianos. López, pragmático, dejó su testimonio, pero aceptó el Ministerio de Relaciones y luego la Gobernación del Cesar. Ese pragmatismo no cayó bien en su militancia, pero le abrió el camino y le dio la experiencia pública necesaria para llegar a la Presidencia.
De su gobierno, del mandato, claro recuerdo dos hechos que serán inolvidables para todos: El nombramiento por primera vez de una mujer como Ministra, nuestra querida María Helena de Crovo y el cumplimiento de su promesa según la cual en los 100 primeros días los matrimonios católicos podrían obtener el divorcio otorgado por la Ley civil. De esa campaña, la consigna de “López es el Pollo” nos mostró su rostro vallenato.
Entre otras cosas, es a López a quien se debe la aceptación del Vallenato en Bogotá de la clase media para arriba. Antes de su Gobernación del Cesar, los bogotanos sabíamos de vallenato por un programa que hacía Carlos Arturo Melo en directo, por Radio Juventud los domingos a la una. Después de López, pudo ser lo que ahora es.
López también es responsable del legado socialista del Liberalismo. Fue él quien propició la afiliación de nuestro Partido a la internacional socialista. Patrocinador del Instituto de Estudios Liberales, IEL, con el ex presidente Samper, se preocupó de que los jóvenes liberales tuviéramos un sitio de encuentro que sirviera al partido como tanque de pensar.
Fue él, también, quien dio los primeros pasos para que el Partido adquiriera una solidez institucional con unos estatutos renovados. A López debemos, entre muchas cosas, la compra de la casa de la calle 36 que le dio al Partido una necesaria estabilidad e imagen institucional.
De su dimensión como estadista quisiera recordar dos hechos. Su papel fundamental en El tratado Torrijos-Carter que devolvió a los panameños la soberanía sobre el canal. Poco conocido es, sin embargo, que ese Tratado también protegió los intereses de Colombia. La capacidad de conciliar intereses demostrada por López en ese asunto, puede ser la mejor aplicación de una teoría con fundamentos matemáticos, la de las ventajas comparativas de David Ricardo, a las Relaciones Internacionales.
El otro hecho es que aún sobre los 90 años y “retirado” de la vida pública, su preocupación por la suerte de sus congéneres, en especial los más pobres, se mantenía intacta. Estaba encantado con el impacto que en los precios de los alimentos tendría la llamada Revolución transgénica que según él permitiría producir mas calorías a menores costos.
De sus últimas opiniones en asuntos públicos quiero dejar testimonio de la solidaridad incansable demostrada con los familiares de los secuestrados en poder de las Farc, en busca de un acuerdo humanitario y de su percepción según la cual el Liberalismo debería superar el debate entre uribistas y anti uribistas, recuperar la unidad y el poder como Partido. Y su declaración después del 28 de mayo pasado según la cual Uribe se había convertido en el Liberal más votado, aún como disidente del Oficialismo.
Para terminar esta breve evocación de López quiero recordar una anécdota que refleja su talante y personalidad. En abril de 2005 organizamos la última cumbre de ex presidentes y dirigentes liberales en el Hotel La Fontana. Después de mucho, por última vez, asistieron a un encuentro liberal los ex presidentes López, Turbay, Gaviria y Samper.
El asunto es que al llegar el ex presidente Turbay, López se alejó y miró para otro lado. Eran conocidas sus diferencias por el “Uribismo” de Turbay no compartido por López en ese momento, que revivió sus viejas pugnas políticas. No lo quería saludar. Turbay, más afable, estaba dispuesto y se dirigió a López quien, finalmente, le extendió la mano, pero no le dirigió la palabra.
A la hora del almuerzo, sentados con las señoras en una pequeña mesa, López mantuvo su distancia y se dedicó a conversar sobre el potencial de nuestro Llano. Turbay, incomodo con la situación, abrió su propia conversación sobre Juan Pablo Segundo y su experiencia como Embajador en Roma. Fue la última vez que se encontraron estos dos gigantes del Liberalismo vivos.
Es así por que López, con Hidalguía y solidaridad, acompañó a Turbay en su último viaje. Nos deja mucho, Presidente López. Su ejemplo y su talante, ese, propio de los Liberales. Para nuestro provecho y el de las generaciones que vendrán, se mantendrán vivos y vigentes para siempre.
ENTRE PEÑALOSA Y SAMUEL
Entre Peñalosa y Samuel
Otra vez el Liberalismo definirá la Alcaldía entre dos candidatos con arraigo popular y antecedentes liberales.
Luis Carvajal Basto
El Espectador
lunes, 09 de julio de 2007
Las consultas del pasado domingo para escoger candidatos a cargos de elección mostraron la pereza de los electores frente a ese tipo de mecanismos. Tiene que ver con factores como la ausencia de competencia y características de nuestra cultura política, por investigar. Los 36.000 millones que costaron, frente a la baja participación, nos hace pensar que la ley puede reglamentar mejor estas consultas a través de encuestas menos costosas e igual de eficientes, como está demostrado.
Más allá de ese aspecto “técnico” están dos importantes hechos políticos para registrar. La gran presencia conservadora con candidatos en muchos municipios revela un trabajo importante en las bases por parte de la dirección de ese Partido, que se gasta bien los recursos que le gira la organización electoral. Y lo ocurrido en Bogotá con Samuel ganando la consulta del Polo, que pone “caliente” la elección de Alcalde, mucho más que si hubiese ganado María Emma. Veamos por qué.
Samuel es un candidatazo no solo entre los electores del Polo. Recoge los sentimientos que quedan de la vieja ANAPO, liberales y conservadores que simpatizaron con ese movimiento. Tiene un trabajo de años en Bogotá, en los cuales se ha colocado del lado de liberales como Serpa o Samper y con ellos ha recorrido varias veces la ciudad. Participó activamente en la última presencia importante del Liberalismo en la capital, en 1998, con más de un millón de votos.
Su paso por Harvard y el Congreso le confieren la imagen y la dimensión necesarias como administrador público. Hablando de imagen, no genera resistencias, pues no asume innecesarias posiciones extremas y es un tipo simpático, a diferencia de su oponente. No conozco estudios de imagen de él, pero sus negativos deben ser menos que los de Peñalosa. A lo largo de la campaña eso se puede notar.
Los estudios realizados a lo largo de muchos años demuestran que en Bogotá ha predominado el sentimiento partidista (diferente al Partido) Liberal. Después de Jaime Castro, el oficialismo no ha encontrado candidatos que representen ese sentimiento para transformarlo en mayorías que le permitan conseguir la Alcaldía. Pero ha sido decisivo en las diferentes elecciones de una u otra manera. El sentimiento liberal está ahí. El mismo Uribe es visto como un disidente de ese Partido que en Bogotá ha obtenido grandes victorias. Como Peñalosa. Este año, será crucial en la elección de Alcalde.
Se sabe que el oficialismo liberal de hoy va a apoyar a Peñalosa, pero también que importantes dirigentes como el ex presidente Samper se la van a jugar con Samuel, a pesar de las interpretaciones de los estatutos que parecen impedírselo, al menos de manera formal. Esta podría ser la oportunidad para que al interior del liberalismo se defina y consolide lo que se ha llamado la “Corriente Social Demócrata”, de la cual harían parte el mismo Samper, Serpa( ¿), A. Gómez y P. Córdoba.
En síntesis, puede decirse que Samuel va a ser un fuerte contendor de un Peñalosa que muchos daban por elegido. Y que el Liberalismo va a definir esa elección. ¿Quién interpretará mejor a los electores de ese Partido, mayoritario en Bogotá como lo ratifican una y otra vez todas las encuestas y que, paradójicamente, otra vez no tiene candidato propio?
Otra vez el Liberalismo definirá la Alcaldía entre dos candidatos con arraigo popular y antecedentes liberales.
Luis Carvajal Basto
El Espectador
lunes, 09 de julio de 2007
Las consultas del pasado domingo para escoger candidatos a cargos de elección mostraron la pereza de los electores frente a ese tipo de mecanismos. Tiene que ver con factores como la ausencia de competencia y características de nuestra cultura política, por investigar. Los 36.000 millones que costaron, frente a la baja participación, nos hace pensar que la ley puede reglamentar mejor estas consultas a través de encuestas menos costosas e igual de eficientes, como está demostrado.
Más allá de ese aspecto “técnico” están dos importantes hechos políticos para registrar. La gran presencia conservadora con candidatos en muchos municipios revela un trabajo importante en las bases por parte de la dirección de ese Partido, que se gasta bien los recursos que le gira la organización electoral. Y lo ocurrido en Bogotá con Samuel ganando la consulta del Polo, que pone “caliente” la elección de Alcalde, mucho más que si hubiese ganado María Emma. Veamos por qué.
Samuel es un candidatazo no solo entre los electores del Polo. Recoge los sentimientos que quedan de la vieja ANAPO, liberales y conservadores que simpatizaron con ese movimiento. Tiene un trabajo de años en Bogotá, en los cuales se ha colocado del lado de liberales como Serpa o Samper y con ellos ha recorrido varias veces la ciudad. Participó activamente en la última presencia importante del Liberalismo en la capital, en 1998, con más de un millón de votos.
Su paso por Harvard y el Congreso le confieren la imagen y la dimensión necesarias como administrador público. Hablando de imagen, no genera resistencias, pues no asume innecesarias posiciones extremas y es un tipo simpático, a diferencia de su oponente. No conozco estudios de imagen de él, pero sus negativos deben ser menos que los de Peñalosa. A lo largo de la campaña eso se puede notar.
Los estudios realizados a lo largo de muchos años demuestran que en Bogotá ha predominado el sentimiento partidista (diferente al Partido) Liberal. Después de Jaime Castro, el oficialismo no ha encontrado candidatos que representen ese sentimiento para transformarlo en mayorías que le permitan conseguir la Alcaldía. Pero ha sido decisivo en las diferentes elecciones de una u otra manera. El sentimiento liberal está ahí. El mismo Uribe es visto como un disidente de ese Partido que en Bogotá ha obtenido grandes victorias. Como Peñalosa. Este año, será crucial en la elección de Alcalde.
Se sabe que el oficialismo liberal de hoy va a apoyar a Peñalosa, pero también que importantes dirigentes como el ex presidente Samper se la van a jugar con Samuel, a pesar de las interpretaciones de los estatutos que parecen impedírselo, al menos de manera formal. Esta podría ser la oportunidad para que al interior del liberalismo se defina y consolide lo que se ha llamado la “Corriente Social Demócrata”, de la cual harían parte el mismo Samper, Serpa( ¿), A. Gómez y P. Córdoba.
En síntesis, puede decirse que Samuel va a ser un fuerte contendor de un Peñalosa que muchos daban por elegido. Y que el Liberalismo va a definir esa elección. ¿Quién interpretará mejor a los electores de ese Partido, mayoritario en Bogotá como lo ratifican una y otra vez todas las encuestas y que, paradójicamente, otra vez no tiene candidato propio?
FARC: CONTRA LA PARED
Farc: contra la pared
Nunca Uribe necesitó tan poco para justificar su posición de no negociar. Queda demostrado que el mejor promotor de la Seguridad Democrática son las Farc. Apareció el ciudadano.
Luis Carvajal Basto
El Espectador
viernes, 06 de julio de 2007
No existen antecedentes en Colombia de una irrupción ciudadana masiva, como la del pasado 5 de julio. Ni siquiera las protestas contra la dictadura militar. Lo ocurrido explica mucho de lo que piensan, sienten y han expresado políticamente los colombianos y acerca de la importancia de los diferentes actores de nuestro acontecer. Pero lo verdaderamente nuevo de esa jornada ejemplar, es la participación de la ciudadanía, su aparición en las calles reclamando sus derechos.
No se necesitó de un plebiscito de respaldo a las instituciones y al propio Uribe. Lo del 5 de julio es un mensaje claro de la ciudadanía: puesta de frente a las atrocidades de las Farc y los paramilitares, la gente opta por el respaldo a sus derechos, garantizados por la Constitución y las instituciones. Como siempre, alguien gana y alguien pierde. En este caso y a falta de un estudio de profundidad, podemos preguntarnos por qué “pasa agachada” ante la desfachatez de unos paras, que de cara a la evidencia y monstruosidad de sus crímenes sufren amnesia. Y la respuesta no es compleja: considera que en el origen de todo el asunto están el narcotráfico y las Farc.
Al observar los actores de nuestra vida pública, destaca que no convocaron las marchas. Más bien fueron convocados por la misma ciudadanía y no tuvieron dificultad de aunarse a ella. Si la promovió el Presidente, no se notó. Partidos y gremios fueron “sorprendidos” por un sentir ciudadano que sacó pañuelos y banderas en Transmilenio, interrumpió el tráfico, se abrazó y lloró. La Iglesia hizo a un lado su manifiesta “imparcialidad” y a la vez que condenó las acciones de las Farc dijo que para un acuerdo humanitario no se necesita zona de despeje. Hasta Petro, con su habitual oportunismo, interpretó el momento político y anunció un debate ya no contra el Gobierno sino contra los socios políticos de las Farc en Caquetá. Lo mismo hizo Garzón en Bogotá, que aunque no fue tan diligente con su cadena como cuando se trata de poner palos soterradamente al Gobierno, también salió a la calle.
Las Farc, en su aislamiento, deben estar pensando que a pesar del escarnio público, sus métodos siguen siendo rentables. Les da un protagonismo que política y militarmente no tienen. Uribe y cada vez más la gente, consideran que el acuerdo humanitario es una forma de recuperar lo que perdieron en el Caguán. Sus publicistas reaccionaron con un video de militares en su poder que pretende mostrar al mundo que lo ocurrido es parte de una confrontación militar y no una masacre, como lo fue. Esa cortina de humo no alcanzó a disimular que están rotas por dentro. No de otra manera se explica la ambigüedad de la información sobre el asesinato de los diputados. No es difícil establecer que un sector promovió el asesinato de los diputados y otro no estuvo de acuerdo.
Este 5 de julio va a tener efectos no solo en nuestra vida política interna, marcando un punto de quiebre como el día en que apareció la ciudadanía, sobre el cual se puede edificar la participación consagrada en la Constitución que tanto extraña nuestra Democracia. Carolina Barco ya debería estar preparando un video para que los congresistas demócratas conozcan más de nuestra realidad. De pronto, lo que no pudo el cabildeo de Uribe, lo pueden, otra vez, las Farc.
Estas Farc se parecen cada vez más a los talibanes que a los sandinistas y a Ben Laden que a Fidel. Arrumadas como están en lo profundo de la selva, permeadas por el narcotráfico y sin ningún respaldo popular, salen de vez en cuando a secuestrar ciudadanos inermes que terminan asesinados y a poner bombas. El honor y la dignidad, reglas elementales de la guerra que reclaman, no existen en sus códigos no escritos ni en sus conciencias. Viendo su realidad hace sentido la frase de J. Sabina que deben tararear muchos de sus “románticos” militantes, si quedan, “Ben Laden, Che Guevara, Superman: lo que iba a ser, la mierda que ha sido”.
Nunca Uribe necesitó tan poco para justificar su posición de no negociar. Queda demostrado que el mejor promotor de la Seguridad Democrática son las Farc. Apareció el ciudadano.
Luis Carvajal Basto
El Espectador
viernes, 06 de julio de 2007
No existen antecedentes en Colombia de una irrupción ciudadana masiva, como la del pasado 5 de julio. Ni siquiera las protestas contra la dictadura militar. Lo ocurrido explica mucho de lo que piensan, sienten y han expresado políticamente los colombianos y acerca de la importancia de los diferentes actores de nuestro acontecer. Pero lo verdaderamente nuevo de esa jornada ejemplar, es la participación de la ciudadanía, su aparición en las calles reclamando sus derechos.
No se necesitó de un plebiscito de respaldo a las instituciones y al propio Uribe. Lo del 5 de julio es un mensaje claro de la ciudadanía: puesta de frente a las atrocidades de las Farc y los paramilitares, la gente opta por el respaldo a sus derechos, garantizados por la Constitución y las instituciones. Como siempre, alguien gana y alguien pierde. En este caso y a falta de un estudio de profundidad, podemos preguntarnos por qué “pasa agachada” ante la desfachatez de unos paras, que de cara a la evidencia y monstruosidad de sus crímenes sufren amnesia. Y la respuesta no es compleja: considera que en el origen de todo el asunto están el narcotráfico y las Farc.
Al observar los actores de nuestra vida pública, destaca que no convocaron las marchas. Más bien fueron convocados por la misma ciudadanía y no tuvieron dificultad de aunarse a ella. Si la promovió el Presidente, no se notó. Partidos y gremios fueron “sorprendidos” por un sentir ciudadano que sacó pañuelos y banderas en Transmilenio, interrumpió el tráfico, se abrazó y lloró. La Iglesia hizo a un lado su manifiesta “imparcialidad” y a la vez que condenó las acciones de las Farc dijo que para un acuerdo humanitario no se necesita zona de despeje. Hasta Petro, con su habitual oportunismo, interpretó el momento político y anunció un debate ya no contra el Gobierno sino contra los socios políticos de las Farc en Caquetá. Lo mismo hizo Garzón en Bogotá, que aunque no fue tan diligente con su cadena como cuando se trata de poner palos soterradamente al Gobierno, también salió a la calle.
Las Farc, en su aislamiento, deben estar pensando que a pesar del escarnio público, sus métodos siguen siendo rentables. Les da un protagonismo que política y militarmente no tienen. Uribe y cada vez más la gente, consideran que el acuerdo humanitario es una forma de recuperar lo que perdieron en el Caguán. Sus publicistas reaccionaron con un video de militares en su poder que pretende mostrar al mundo que lo ocurrido es parte de una confrontación militar y no una masacre, como lo fue. Esa cortina de humo no alcanzó a disimular que están rotas por dentro. No de otra manera se explica la ambigüedad de la información sobre el asesinato de los diputados. No es difícil establecer que un sector promovió el asesinato de los diputados y otro no estuvo de acuerdo.
Este 5 de julio va a tener efectos no solo en nuestra vida política interna, marcando un punto de quiebre como el día en que apareció la ciudadanía, sobre el cual se puede edificar la participación consagrada en la Constitución que tanto extraña nuestra Democracia. Carolina Barco ya debería estar preparando un video para que los congresistas demócratas conozcan más de nuestra realidad. De pronto, lo que no pudo el cabildeo de Uribe, lo pueden, otra vez, las Farc.
Estas Farc se parecen cada vez más a los talibanes que a los sandinistas y a Ben Laden que a Fidel. Arrumadas como están en lo profundo de la selva, permeadas por el narcotráfico y sin ningún respaldo popular, salen de vez en cuando a secuestrar ciudadanos inermes que terminan asesinados y a poner bombas. El honor y la dignidad, reglas elementales de la guerra que reclaman, no existen en sus códigos no escritos ni en sus conciencias. Viendo su realidad hace sentido la frase de J. Sabina que deben tararear muchos de sus “románticos” militantes, si quedan, “Ben Laden, Che Guevara, Superman: lo que iba a ser, la mierda que ha sido”.
¡LIBERACIÓN SIN CONDICIONES!
¡Liberación sin condiciones!
Con los féretros de los once diputados, avanza uno más grande, el de las Farc, que siguen cavando su propia sepultura.
Luis Carvajal Basto
El Espectador
viernes, 29 de junio de 2007
Estoy seguro que con hechos como la muerte de los diputados o la bomba de El Nogal, las Farc se siguen deslegitimando y autoexcluyendo como la alternativa que alguna vez quisieron ser. Están cerrando la puerta de la paz y trancándola por dentro. Si son la “izquierda” a la que muchos se refieren, no le están dejando al país más opciones que su opuesto. Como nuestra selva es tan grande como su poder económico y su desprestigio político, nada tiene de raro que los palos de ciego que están dando terminen minando a esa organización desde adentro. No todos pueden estar locos.
En sus orígenes las Farc eran un movimiento campesino que sentía la presión de la pobreza y de algunos grandes propietarios de tierra. Se levantaron en armas contra unos cuantos gamonales, más que contra el Estado. La revolución Cubana y la teoría del foco guerrillero le sirvieron de argumento para sobrevivir. También le dieron el sustento ideológico necesario, en una época en que el marxismo representaba una opción que para muchos solucionaba las desigualdades propias del capitalismo.
Algunos sociólogos han mostrado como el progreso, el desarrollo del capitalismo y la Fuerza Pública fueron desplazando esos grupos armados por nuestras cordilleras. Algunos, con sus familias, fueron colonos de nuestras selvas. Se trataba de una guerrilla ideologizada y pobre. Hasta que llegó el narcotráfico y todo cambió. De los campesinos armados con escopetas de fisto nada queda. Bueno, nada exceptuando a Marulanda y sus recuerdos de las gallinas y marranos que les mataron en Marquetalia, como lo recordó en su sacada de clavo al iniciarse el fracasado proceso del Caguán.
A las Farc de hoy, como a muchas instituciones de Colombia, también las transformó el narcotráfico. Sus conflictos con los terroríficos grupos paramilitares parecían más disputas entre competidores por el dominio de las zonas cocaleras. El modelo de Estado socialista que reclamaban, nunca existió.
El Estalinismo se encargó de deslegitimarlo y terminarlo, de la misma manera que las Farc han acabado, ellas solas, con las simpatías de la “izquierda“ colombiana, si alguna vez las tuvieron. El modelo ruso de Socialismo no necesitó de una bomba atómica de los americanos para derrumbarse y a los chinos no les está dando empleo y mejorando el nivel de vida algún modelo ideológico, si no la competitividad de su trabajo.
Las Farc, aisladas como están de la sociedad colombiana y sin ninguna posibilidad o propuesta política que les interese, están ellas mismas condenándose a lo más profundo de las selvas y al desprecio de todos los colombianos.
El secuestro y la muerte de los once diputados no pueden calificarse como un acto de guerra. Se parece más a las masacres de los paramilitares que ellos mismos a punta de boleteo y asesinatos, ayudaron a crear. Sin conocerse detalles, tienen toda la responsabilidad de lo ocurrido.
Si se trata de códigos no escritos o de guerra, es cobardía secuestrar ciudadanos indefensos para conseguir los territorios que militarmente no pueden. Si se consideran un Estado, los colombianos prefieren una democracia imperfecta que acusa, juzga y condena, a la tortura que las Farc aplican a los secuestrados y a sus familiares. Hasta hoy, de esa tortura no los liberan los juicios o los ruegos, sino el hielo de la muerte.
Una mirada a nuestra historia como Nación revela que la sociedad colombiana desprecia las imposiciones de fuerza y las dictaduras. Las cadenas que le imponen a sus secuestrados no pueden ser más fuertes que nuestra voluntad de ser dignos y libres. Mientras tanto, no todos pueden estar dementes al interior de las Farc. A ellos van dirigidos los ruegos de los colombianos y el mio para parar tanta barbarie. Por amor a Dios, a sus familias y hermanos, si los tienen, liberen a los secuestrados.
Con los féretros de los once diputados, avanza uno más grande, el de las Farc, que siguen cavando su propia sepultura.
Luis Carvajal Basto
El Espectador
viernes, 29 de junio de 2007
Estoy seguro que con hechos como la muerte de los diputados o la bomba de El Nogal, las Farc se siguen deslegitimando y autoexcluyendo como la alternativa que alguna vez quisieron ser. Están cerrando la puerta de la paz y trancándola por dentro. Si son la “izquierda” a la que muchos se refieren, no le están dejando al país más opciones que su opuesto. Como nuestra selva es tan grande como su poder económico y su desprestigio político, nada tiene de raro que los palos de ciego que están dando terminen minando a esa organización desde adentro. No todos pueden estar locos.
En sus orígenes las Farc eran un movimiento campesino que sentía la presión de la pobreza y de algunos grandes propietarios de tierra. Se levantaron en armas contra unos cuantos gamonales, más que contra el Estado. La revolución Cubana y la teoría del foco guerrillero le sirvieron de argumento para sobrevivir. También le dieron el sustento ideológico necesario, en una época en que el marxismo representaba una opción que para muchos solucionaba las desigualdades propias del capitalismo.
Algunos sociólogos han mostrado como el progreso, el desarrollo del capitalismo y la Fuerza Pública fueron desplazando esos grupos armados por nuestras cordilleras. Algunos, con sus familias, fueron colonos de nuestras selvas. Se trataba de una guerrilla ideologizada y pobre. Hasta que llegó el narcotráfico y todo cambió. De los campesinos armados con escopetas de fisto nada queda. Bueno, nada exceptuando a Marulanda y sus recuerdos de las gallinas y marranos que les mataron en Marquetalia, como lo recordó en su sacada de clavo al iniciarse el fracasado proceso del Caguán.
A las Farc de hoy, como a muchas instituciones de Colombia, también las transformó el narcotráfico. Sus conflictos con los terroríficos grupos paramilitares parecían más disputas entre competidores por el dominio de las zonas cocaleras. El modelo de Estado socialista que reclamaban, nunca existió.
El Estalinismo se encargó de deslegitimarlo y terminarlo, de la misma manera que las Farc han acabado, ellas solas, con las simpatías de la “izquierda“ colombiana, si alguna vez las tuvieron. El modelo ruso de Socialismo no necesitó de una bomba atómica de los americanos para derrumbarse y a los chinos no les está dando empleo y mejorando el nivel de vida algún modelo ideológico, si no la competitividad de su trabajo.
Las Farc, aisladas como están de la sociedad colombiana y sin ninguna posibilidad o propuesta política que les interese, están ellas mismas condenándose a lo más profundo de las selvas y al desprecio de todos los colombianos.
El secuestro y la muerte de los once diputados no pueden calificarse como un acto de guerra. Se parece más a las masacres de los paramilitares que ellos mismos a punta de boleteo y asesinatos, ayudaron a crear. Sin conocerse detalles, tienen toda la responsabilidad de lo ocurrido.
Si se trata de códigos no escritos o de guerra, es cobardía secuestrar ciudadanos indefensos para conseguir los territorios que militarmente no pueden. Si se consideran un Estado, los colombianos prefieren una democracia imperfecta que acusa, juzga y condena, a la tortura que las Farc aplican a los secuestrados y a sus familiares. Hasta hoy, de esa tortura no los liberan los juicios o los ruegos, sino el hielo de la muerte.
Una mirada a nuestra historia como Nación revela que la sociedad colombiana desprecia las imposiciones de fuerza y las dictaduras. Las cadenas que le imponen a sus secuestrados no pueden ser más fuertes que nuestra voluntad de ser dignos y libres. Mientras tanto, no todos pueden estar dementes al interior de las Farc. A ellos van dirigidos los ruegos de los colombianos y el mio para parar tanta barbarie. Por amor a Dios, a sus familias y hermanos, si los tienen, liberen a los secuestrados.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)