lunes, 22 de julio de 2013

Buenos muchachos ( La reacción del gobierno)

Buenos muchachos (La reacción del gobierno)

Por: Luis Carvajal Basto

El último tramo de los gobiernos, en todas partes, es siempre el más difícil. Estamos viendo en Colombia que con reelección en el horizonte, puede serlo más. ¿Han respondido los ministros al desafío?

La convergencia de paros, como el del Catatumbo, y el anuncio de otros, coinciden con el periodo preelectoral, la eventual reelección del Presidente y  los diálogos en la Habana. También, con las manifestaciones, lamentablemente violentas, de sectores que no han encontrado otra forma de expresarse dentro del sistema político.
Alguien dijo que hombres y gobiernos no existimos en el periodo que escogemos si no en el que nos corresponde vivir. No vale quejarse. El gobierno parece sorprendido por los paros en desarrollo y los que se anuncian. Por sectores que reclaman. ¿Es suficiente denunciar que son reductos de las FARC, políticos en campaña, oportunistas o criminales? Pareciera que las respuestas del gobierno no son estructuradas e institucionales si no esperanzadas en personas de quienes esperamos capacidades excepcionales o mágicas, un poco  extrañas en este periodo de gran impacto tecnológico, también para la ciencia de gobernar.
El Catatumbo  puso a prueba a  los Garzón que debieron regresar por donde fueron. Ni hablar del papelón que en todo esto ha hecho el  ministro del interior quien considera que su trabajo, en circunstancias como estas, es recordarnos la Constitución a través de los medios o hacer denuncias en lugar de anticiparse, consensuar y, en últimas, liderar el ejercicio de la autoridad. ¿Será que el ministro de la política considera que esta solo se reduce al congreso, lugar donde, por cierto, no ha sido puesto a prueba?
No es  sorpresiva la explosión de tantos intereses que encuentran este momento como el mejor para sus actividades de “pesca”: presión a los diálogos; mayor tajada en los subsidios del Estado; oposición política; obtención de licencias ambientales y, faltaba más, justos reclamos de comunidades que, a pesar de los titulares, no tienen vías, ni servicios básicos, ni trabajo formal, ni prestaciones sociales haciendo, otra vez, evidente la existencia de dos países: el formal y el real.
¿Sorpresa?: los partidos, encargados de relacionar las demandas de la sociedad con el Estado, se han convertido en fortines casi exclusivamente parlamentarios. La política entendida así deja por fuera del sistema a sectores que buscan maneras de expresarse. Es una de las deudas que los colombianos y, sobretodo, los políticos tienen con la participación consagrada en la Constitución.
Lo que  sorprende es la actuación “inocente” y muchas veces descoordinada  de algunos miembros del equipo de gobierno, comenzando por el de Hacienda quien  ante los primeros anuncios de más paros dijo que el gobierno tenía “listos los recursos que se necesiten”. Cualquiera podría interpretar eso como una señal de debilidad o una  oportunidad ante la cual conviene extender la red. Viene subienda, dirían los pescadores del Magdalena.
El ministro de comercio, en un momento en que diferentes sectores, como el de calzado, sienten la presión de  competencia desleal que genera cierre de pequeñas y medianas empresas y el despido de trabajadores, declara  que todavía le faltan tres tratados comerciales, uno de ellos con Japón. Los autopartistas deben estar pensando su reacción. El ministro, orgulloso de cumplir las propuestas fijadas hace tres años, periodo en que han pasado tantas cosas en Colombia y el mundo, no parece  “conectado” con las circunstancias del país ni interesado en los problemas que en este momento  atienden sus compañeros de gabinete.
No hace falta experiencia y un curso de alto gobierno para saber que cerca de las avispas no convienen alborotos. Por verse los resultados de la reforma a la salud resulta extraña como innecesaria  la polémica abierta por el ministro de salud con Juan Gossain por su justificada denuncia según la cual muchos medicamentos son más costosos en Colombia que en cualquier lugar del mundo, incluidos países de más altos niveles de ingreso. Mucho menos, su respuesta según la cual ese ministerio “ya había expedido una resolución”. Podría añadirse, una Constitución e incontables Leyes que, desafortunadamente, no se cumplen y sirven para ilustrar las diferencias entre un país formal, al que parece representar el ministro, y otro real al que pertenecemos todos, sintiéndonos  bien representados por Juan, a pesar de su “ignorancia”.
Tanto como la competencia técnica es importante en el desempeño del gobierno la experticia política y el sentido común: anticiparse y prever escenarios es siempre mejor que hacer el papel de bombero perezoso, apenas reaccionando. Para el gobierno, el proceso de Paz no sirve como disculpa. Debería ser, por el contrario, el mejor motivo para mantener encendidas las alarmas. Lo que a nadie le cabe en la cabeza es que se promuevan, desde el mismo cuartel de bomberos, más incendios, aunque sea de manera involuntaria, falta de experiencia o  “descuido”.

lunes, 17 de junio de 2013

Paz, participación y autoridad


Por: Luis Carvajal Basto

El fortalecimiento del Estado no es uno de los puntos acordados en los diálogos pero es, claramente, uno de sus objetivos más importantes. Los problemas de Colombia no terminan con el fin de la violencia de las FARC.



En estos momentos se discute en La Habana sobre participación política. Sería un desperdicio que el análisis se redujera a la transformación de las FARC en movimiento político, teniendo tantas deudas el sistema político y los colombianos con la propia Constitución en esa materia.
La participación electoral, hace décadas, no supera los niveles del 50%.La ciudadanía poco se asocia y escasamente se expresa políticamente, es decir en el ámbito en que confluyen sus derechos y responsabilidades con los de todos: lo público. Los partidos, básicamente, reflejan expresiones e intereses parlamentarios ocasionando la reducción del espacio político al que transcurre en el congreso, ocasionando una ruptura entre la política y la opinión, fundamentalmente urbana. Los votantes, ese 50%, no toman cuentas a sus elegidos salvo en los certámenes electorales.
De otra parte, la ciudadanía poco se interesa por la ejecución y control del gasto público, los impuestos que paga, abriendo camino a la corrupción y a los carruseles. Las veedurías ciudadanas no son todavía una expresión colectiva perjudicando la descentralización que, sin participación, camina pero en una sola pierna. El pueblo o la “sociedad civil” organizada se mantienen ausentes de los asuntos colectivos y sería un engaño decir que se abstienen de hacerlo solamente por temor a algún tipo de represión o por simpatías con quienes han vetado la legitimidad del sistema político, como lo han diagnosticado por años. Es, más bien, un asunto cultural o de escasa familiaridad y desarrollo con las herramientas que proporciona la Constitución del 91.Para muchos, el Estado, el sistema político, son asunto ajeno.
Dicho de otra manera, se trata de conseguir que seamos, los colombianos, más ciudadanos, y dejemos de considerar lo público como algo que compete solo a los políticos o “a los demás”. Desde ese punto de vista, y si se tienen en cuenta la Constitución y la realidad política, las “partes” podrían declararse acordadas por anticipado. El tema de la participación no se agotará en La Habana aunque de allí puedan conseguirse elementos para un estatuto de la oposición que nos debemos.
En cuanto a la ampliación de los mecanismos de participación su reglamentación no será suficiente. La cultura participativa no trata solamente de decretos o reglas aunque tampoco pueda “madurar” sin ellos. Estímulos de todo tipo serán necesarios y también puede serlo, en un país en Paz, la obligatoriedad del voto.
En otro ámbito, la ciudadanía organizada puede encargarse no solo de hacer la veeduría sino la misma ejecución de una parte del gasto público. ¿Será que no pueden, por ejemplo, las juntas comunales, encargarse de reparaciones de pequeñas vías, parques, acometidas y algunos procesos en servicios públicos? O las asociaciones de padres, administrar y ejecutar algunos procesos del sector educativo y del entorno, infraestructura de los municipios incluida, de escuelas y colegios? Son maneras de “aterrizar” el abstracto discurso participativo.
Pero en lo que no podemos nuevamente equivocarnos es en dejar de perseverar en el fortalecimiento del Estado, comenzando por la solidez y el respeto que debe merecernos el ejercicio de la autoridad legítimamente establecida. El Estado es patrimonio de todos pero quienes más lo necesitan son los pobres y los sectores más vulnerables de la población. A nivel mundial, la crisis ha revelado dos grandes tendencias: la que propende por su minimización a ultranza y la que procura que continúe funcionando como instrumento para reducir los desequilibrios pero también para intervenir, en beneficio y coordinación con los asociados, en los desajustes y dinamización de la economía etc.
En una Colombia post conflicto necesitaremos más, y no menos, Estado. Más, y no menos, ejercicio y respeto de la autoridad. Problemas como pobreza, narcotráfico y la violencia asociada, desempleo, educación pertinente y corrupción, lamentablemente seguirán vigentes. ¿Quién más va a garantizar nuestros derechos y Libertades?

lunes, 10 de junio de 2013

Santos: ¿Reelección anticipada?


Por: Luis Carvajal Basto

A un año de las presidenciales, con excepción de Vargas Lleras, convertido por ahora en su jefe de debate, no le aparece contendor.


Con el mismo Uribe, su principal rival en el terreno político y en todas las encuestas, fuera de combate por disposición Constitucional, las presidenciales de 2014 parecen hoy, un año antes, una formalidad.
Faltando parte del presupuesto de 2013 y el de 2014 por ejecutar a Santos le aparecen, todavía, más aliados que contradictores. Apenas algunos escarceos entre  Verdes y  Conservadores dejan ver lo que será la campaña y la manera como se alinearán los sectores parlamentarios que, en su gran mayoría, respaldaran a quien observen con más probabilidades de ganar y ese, hasta ahora, es el presidente.
Por los lados de la oposición, el Uribismo no logra acreditar un candidato que recoja significativamente el arrastre de su líder mientras la  “izquierda” sigue dividida en diferentes formaciones que apenas comienzan a conversar sobre una consulta en que destacarían Clara López y Antonio Navarro, faltando una eventual representación política de la llamada Marcha Patriótica o, dependiendo de los diálogos, las FARC. Todos están, en las actuales encuestas y en la capacidad de cambiarlas en lo que falta, lejos de Santos y también de su eventual reemplazo, Germán Vargas, quien pareciera no acumular desgaste alguno sino todo lo contrario, sin romperse ni doblarse, en su paso por el gobierno, incluyendo lo que pueda pasar con los diálogos de Paz cualquiera sea su resultado.
La cosa sería Santos o Vargas, pero eso estaría garantizado si la política se redujera a la que mueven los congresistas. Las elecciones de 2010, sin embargo, reafirmaron que existen sectores de la población, fundamentalmente urbanos, que no se alinean con el voto parlamentario que se aglutina en los partidos. Eso fue la Ola verde y los 3,6 millones de votos del ahora “desaparecido” Mockus, que recogió gran parte de la inédita votación de Carlos Gaviria en una elección anterior.
Descartada la participación del procurador, la oposición Uribista queda en manos de candidatos sin suficiente reconocimiento. De acuerdo con las encuestas el voto de Uribe no es endosable pero, sin duda, podría acoger, dependiendo de las circunstancias, entre 3 y 4 millones de votos de los 9 que consiguió Santos en 2010. Enrique Peñalosa tratará de convocar  lo que queda de los Verdes para buscar convertirse en el líder de una coalición que incluiría al Uribismo.
Si las elecciones fueran hoy, con seguridad tendríamos una segunda vuelta a la que llegarían Santos(o Vargas) y el candidato Uribista o el que resulte de los sectores de Izquierda. Paradójicamente, al hoy presidente puede convenirle más competir con el Uribismo y convencer a los votantes de izquierda para consolidar un triunfo que hoy parece asegurado. Si nada extraño pasa, el proceso de paz definirá la coyuntura política entre  “amigos” y “enemigos” del proceso que se alinearán en esa segunda vuelta.
No  se debe olvidar que ahora el Liberalismo está del lado del Presidente y la pregunta para responder es si será el Partido que en la primera vuelta de 2010 apenas alcanzó 638.000 votos, su votación más baja de la historia o el que, de acuerdo con las encuestas, sigue siendo el sentimiento mayoritario entre los colombianos. Recientemente el Barómetro de las américas, por ejemplo, encontró que los simpatizantes Liberales pasaron de  18,9% en el 2010, con el hoy ministro Pardo,  a 38,6% en el 2012. Valdría la pena añadir que  en 2008 estaban en 41.3%, antes de Pardo,  en el mismo estudio, descartando actos de magia en la política contemporánea.
En cualquier caso no serán los sectores parlamentarios sino los de opinión los que van a definir las presidenciales de 2014. Los congresistas Conservadores, por ejemplo, tendrán un ojo puesto en el presupuesto y la evolución de la situación política y otro en la composición de las listas del Uribismo, pero no serán una fuerza decisiva. Si Santos logra interpretar el sentimiento Liberal, un concepto más amplio que el de partido, y aglutinar sus vertientes históricas, no necesitará de mucho más para ser elegido nuevamente. Pero un año es un año. En política, una eternidad.
@herejesyluis

lunes, 3 de junio de 2013

Venezuela: crisis y oportunidad


Por: Luis Carvajal Basto

El uso reiterado de lenguaje violento, amenazas y denuncias contra supuestos enemigos externos puede ser una forma de hacer política al interior, pero también una señal de debilidad.


Mejor buenos gobiernos y adecuadas políticas que inculpar a los vecinos por un acto de elemental cortesía y por lo que sucede o deja de ocurrir en Venezuela. ¿Valdrá la pena repetir episodios, ya conocidos, que en lugar de mejorar deterioran una relación fraterna por naturaleza?

Los problemas de nuestros hermanos venezolanos no se encuentran, mayormente, en Colombia. Qué Maduro no era Chávez, para los venezolanos, se notó en los apretados resultados de las elecciones presidenciales. Qué después de tantos años en el gobierno el proyecto Chavista evidencia desgaste, también. Qué el desabastecimiento resultante de la crisis cambiaria y los problemas de pagos están generando una nueva y negativa coyuntura en Venezuela, es evidente. Ninguno de ellos es responsabilidad de Colombia.
A Maduro se le ha crecido una débil oposición política y se observa fraccionamiento en el bloque de poder, con un Cabello que parece tener agenda propia y el respaldo de sectores importantes de unas fuerzas armadas deliberadamente politizadas. Sus declaraciones incendiarias, después de la reunión Santos-Capriles, no le dejaron mucho margen de maniobra al mismo Maduro, quien no podía aparecer, ante sus propias fuerzas, menos radical o “patriota” que aquel, amplificando la actual crisis.
El gobierno de Colombia ha actuado diplomáticamente en este episodio. No tuvo inconveniente en reconocer al nuevo gobierno y el resultado de las pasadas elecciones, pero tampoco en escuchar al líder de una oposición en ascenso que ha salido a denunciar el supuesto fraude electoral por el vecindario. Se dice, incluso, que en un acto amistoso el gobierno de Colombia notificó, sin necesidad de hacerlo, al de Venezuela previamente sobre la visita de Capriles, de manera privada. No ha respondido, y lo ha hecho bien, tampoco a tanto insulto que a nadie conviene.
El vuelo político que ha tomado la oposición venezolana, en el trasfondo de todo este asunto, puede explicarse más por los propios desaciertos del gobierno que por la intervención de terceros o por los hechos positivos de sus contradictores internos. Los resultados electorales demuestran que para desgastarse al interior del país, Maduro no necesita ayuda. Una mirada a la estructura productiva y al comercio venezolano, por ejemplo, revela que el desplazamiento, hacia el Estado del control y administración del comercio está en el origen de la actual crisis cambiaria: en un periodo de doce años, de 1999 a 2012, el gobierno triplicó su participación en las importaciones totales mientras que los exportadores privados vieron reducida, hasta casi desaparecer, su participación (inferior al 2%) en el total de exportaciones. Todo eso ocurrió en un espacio de tiempo en el que el precio del petróleo pasó de 18 a 100 dólares haciendo la crisis cambiaria inexplicable sino fuera por los desaciertos en la ejecución de políticas.
Si los problemas de Venezuela no se encuentran en Colombia, una parte de sus soluciones sí: Maduro debería considerar, más bien, que la puerta abierta por Santos a la oposición venezolana es una forma de canalizar las expresiones de un sector amplio de la población que, luego de acusarle de fraude, se muestra renuente a dialogar con él, anunciando tiempos difíciles para nuestros paisanos del otro lado del Arauca. El escenario tiene tendencia a empeorar con los precios del petróleo a la baja en 2013 por la caída en la demanda China, la recesión en Europa y los efectos de la revolución tecnológica que empieza diversificar y cambiar el panorama de las fuentes de energía.
Podrían también estimar los dos gobiernos que una forma práctica de resolver los problemas es continuar con la recuperación del intercambio comercial venido a menos por decisiones políticas desde 2010, cuando el comercio legal se redujo en más de un 70%.Reducir aranceles al comercio entre ambos países es condición indispensable pero no suficiente. Como el problema, para los empresarios colombianos, es de pagos (Si pagan en tres días los surtimos, ha dicho el presidente de FENALCO) Valdría la pena rescatar una propuesta realizada hace años por el Liberalismo colombiano, según la cual Venezuela podría pagarnos sus importaciones con petróleo, manejando las cuentas entre gobiernos, tal y como se hacía en otros tiempos con los países de la cortina de hierro que a cambio de café nos entregaban automóviles, aunque fueran obsoletos.
Las crisis son, por lo general, oportunidades. Esperemos que la dirigencia venezolana tenga la prudencia y visión necesarias para convertir esta en una.

lunes, 27 de mayo de 2013

Somos Pacífico


Por: Luis Carvajal Basto

La Alianza del Pacífico puede ser el punto de partida de una nueva América.


El inmenso mercado que se encuentra del otro lado del Océano puede ser el pretexto ideal para iniciar un proceso de integración que mejore, realmente, la vida de la gente en esta parte del continente. Sin embargo, no se trata “solamente” de vender bienes y servicios optimizando las perspectivas del trabajo Nacional.
Sabemos dónde comienza pero no dónde termina un proceso integrador, como la alianza del pacífico, una vez se comiencen a conocer y disfrutar sus beneficios. La libre movilidad de bienes y personas, el primero de ellos, es oxígeno puro en un mundo contaminado por la recesión. La mayor capacidad de negociación y la utilización de economías de escala, que son posibles por un mercado ampliado, le concederá un nuevo estatus a la política comercial pero también al nivel de vida de las personas.
Argumentos como que, comenzando, representamos la octava economía del planeta no son fáciles de desechar. El arranque, con un objetivo de 90% del universo arancelario desgravado, tendrá un profundo impacto, en el corto plazo, en nuestra economía, planteando retos inmediatos a empresarios, trabajadores y gobierno. Aquí, es fundamental la intervención del Estado para coordinar, remover y promover a los sectores más competitivos en el nuevo escenario. Extraña la escasa presencia de la SAC, que debería ser uno de los más interesados, en estos prolegómenos de la alianza.
A estas alturas conviene dar una mirada a éxitos y fracasos en procesos similares. El grupo Andino, por ejemplo, nunca pudo ser la realidad que se esperaba por la visión a corto plazo de sectores  en cada país que, entonces, sentían temor de perder sus pequeños mercados y, más recientemente, por las diferencias políticas en la orientación de los gobiernos. Pero esa experiencia ha sido superada por la globalización y por la historia. Con una economía irremediablemente integrada y unos costes de transporte internacional acercándose cada vez más a cero, resultan inútiles barreras y muros. Como consecuencia de ellos, el comercio con Venezuela se redujo casi un 60% en los últimos años, pero solo el formal porque la prohibición, como es natural, ha dado lugar al que no se contabiliza pero fluye, como contrabando, a través de la extensa frontera.
Para casos de éxito está Europa que, saliendo de una guerra fratricida, fue capaz de inventarse y hacer realidad la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) que fuera primero el pilar de la Comunidad Económica y más tarde de la Unión Europea. La lección es que comenzaron produciendo hechos, más que discursos, a los cuales se integraron, desde su origen, empresarios y trabajadores, teniendo como norte el interés supranacional, beneficioso para todos, coordinado y estimulado desde los diferentes Estados, entendiendo que el objetivo fundamental es el bienestar y mejor calidad de vida de las personas.
La Alianza del Pacífico es un enorme reto que aprovecha varias oportunidades económicas e históricas, pero su suerte depende de la seriedad con que lo asumamos. Para empezar, no se pueden tardar más proyectos como una vía de verdad que integre  puertos como Buenaventura y Tumaco y el eje Arauca - Villavicencio-Buenaventura. No puede ser que los costos internos de transporte superen los internacionales. Los discursos y las perspectivas están muy bien, pero ahora la tarea debe ser avalada con hechos. La integración no es muy diferente a un romance en que el novio le propone a su novia: “tú y yo, juntos, podemos hacer realidad los sueños que no podríamos cada uno por su cuenta”.

lunes, 20 de mayo de 2013

Corte de cuentas al TLC



Por: Luis Carvajal Basto

A un año de operación del tratado, no se destruyó la economía, como afirmaban sus detractores a ultranza, ni el país cambió tanto, como pronosticaban quienes le atribuían súper poderes. Pero ha transcurrido apenas un año. La realidad confrontada con los argumentos políticos.

Hasta el año pasado uno de los temas que caracterizaban el escenario político era, primero el de la firma y luego el de los efectos del TLC con los Estados Unidos. Como argumento, sirvió para esgrimir una bandera que, 12 meses después, no ha sido superada del todo por una realidad que muestra cambios en la tendencia del comercio, aunque no del todo negativos ni imputables al mismo tratado.
En teoría la ampliación de mercados puede ser beneficiosa para todos los participantes. Todos pueden ganar, explicó desde los siglos 18 y 19 David Ricardo con su demostración matemática de la teoría de las ventajas comparativas. Otra cosa es la relación entre crecimiento de los países y aumento de su comercio, más fundamentada en las particularidades y en las circunstancias históricas. 
Para comenzar, los efectos en el empleo no se han podido observar  ni negativa ni positivamente. Mientras, con TLC, la tasa de desempleo se ha mantenido en el rango del  10% de marzo a marzo, desvirtuando a quienes consideraban catastrófico el tratado, está establecido que la inversión en los sectores más dinámicos con TLC, minas e hidrocarburos, genera, comparativamente, pocos puestos de trabajo.
De otra parte, las exportaciones totales aumentaron en una cifra cercana al 6%  en 2012 a pesar de los relativamente estables precios del petróleo. Los efectos de la crisis en los Estados Unidos y la reducción de su consumo ciertamente afectaron nuestras exportaciones, como muchos han tratado de explicar, pero sin convertirse en un argumento determinante: La economía norteamericana “creció” a niveles de -0.4 en 2008;-3.5% en 2009; 2.4% en 2010; 1.7% en 2011 y 2.2% en 2012.Mientras tanto y como consecuencia de la producción petrolera, nuestras exportaciones totales entre 2007, año de inicio de la crisis y 2012 se duplicaron. No se puede utilizar unas ocasiones si y otras no, el argumento del efecto de la crisis y menos en un año aceptable para la economía norteamericana como lo fue 2012.
Mientras tanto, las exportaciones diferentes a las petroleras y mineras muestran un preocupante descenso en 2012, cercano al 13%, el cual tampoco se puede explicar por la evolución de la economía norteamericana que, por el contrario, se encuentra saliendo de la crisis y venia de unos años de “pesadilla”. Tampoco por los precios o volúmenes de las exportaciones de petróleo. Claramente, por lo menos en el corto plazo, se trata de la influencia de la tasa de cambio que ha hecho perder competitividad a nuestras exportaciones haciéndolas costosas y completando un escenario en  que los Estados Unidos se esfuerzan en sustituir importaciones.
Puede decirse, con razón, que  los niveles de la tasa de cambio también tienen como efecto el abaratamiento de las importaciones y, por esa vía, la reducción de los niveles de precios y el control de la inflación, lo cual es verdad y es positivo. Gracias a ellos los colombianos han podido comprar maquinaria y automóviles relativamente “baratos”. También alimentos como arroz, maíz, trigo etc., con sus efectos sobre el agro y manufacturas que ya empiezan a ocasionar reacciones en industrias como la del calzado.
En un mundo irremediablemente globalizado, tiene resultados complicados la elaboración de políticas fiscales, monetarias etc. en aislamiento. El control de la inflación y la política monetaria deben tener en cuenta lo que ocurre en los demás países en los que la tendencia es la inundación de dinero, en tanto aquí las tasas de interés se han mantenido, comparativamente,  altas con sus consiguientes efectos en la tasa de cambio, las exportaciones y los resultados del primer año de nuestro TLC, demostrando que  los saldos, en este caso negativos, de nuestro corte de cuentas tienen que ver con factores más “terrenales” que ideológicos en ausencia de desarrollos importantes en competitividad.
Algunas consideraciones deben ser tenidas en cuenta en este primer año: la millonaria inversión en infraestructura que comienza a ejecutar el gobierno tendrá efectos en nuestra competitividad de mediano y largo plazo y mientras tanto la política de subsidios no parece suficiente, pero es la única posible en el inmediato futuro. Por otra parte, queda la lección enorme del manejo cambiario: es difícil  esperar buenos resultados jugando “limpio”, mientras que los demás abaratan sus monedas.

lunes, 6 de mayo de 2013

La bobadita


La bobadita

Por: Luis Carvajal Basto

El comprobado error de cálculo en una teoría que justifica la fórmula de salir de la crisis mediante la implementación de políticas de austeridad, reducción de gastos, inversión y el tamaño de los gobiernos, cuestiona mucho más que la orientación económica y comprueba la preponderancia de la política en las decisiones de los Estados. Es una enorme lección.

Un estudiante de posgrado que puso en duda, con éxito, las bases de la teoría de los profesores de la Universidad de Harvard Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, según la cual los países no deben endeudarse por encima de un porcentaje del producto interno bruto, en realidad cuestionó, más que esa teoría, las políticas de austeridad que han generado desempleo y recesión en muchos países del mundo. A ello se refirió Paul Krugman en un reciente artículo(http://www.nytimes.com/2013/04/19/opinion/krugman-the-excel-depression.html?_r=0)
Como consecuencia de las políticas de austeridad el mundo no ha respondido con medidas uniformes, más eficientes, a la crisis de 2008 y aun no logra salir de ella. En Europa, por ejemplo, se espera un crecimiento todavía negativo en 2013, en un escenario en que los gobiernos se dividen entre usar o no el gasto público como una herramienta para salir, en medio de los topes fiscales que impone la Unión europea bajo el liderazgo de una Alemania boyante que señala las condiciones. Los presidentes de Francia e Italia se han “rebelado” la semana anterior, explicando que no es un tema de economía sino uno político que tiene a millones sin empleo y ha puesto en riesgo la estabilidad de los gobiernos y el mismo futuro de la unión.
Mientras eso ocurre, los Estados Unidos desde el inicio de la crisis y hasta hoy pusieron a funcionar, a pesar de la dura oposición republicana, las máquinas de hacer dinero y solo el techo legal de la deuda ha limitado una clara política de gasto público en que las tasas de interés se han mantenido pegadas a cero para estimular la economía. La reserva federal actuando en la misma dirección del gobierno. Como consecuencia de ello, dando tumbos, empiezan a salir del receso. Su economía, contrario a lo que ocurre en Europa, pudo crecer a niveles del 2.5% en el primer trimestre.
Más allá de la discusión, saldada por los hechos desde la crisis del 30, acerca de cuál modelo resulta más conveniente para dinamizar la economía, se pone en duda la importancia de variables como expectativas y confianza en la elaboración de modelos econométricos y la precisión en su medición, mas lejos del cálculo de probabilidades. Si usted destruye la confianza en las instituciones; en las monedas; en las leyes y el Estado de derecho ¿Qué resultados se pueden esperar? No se trata solo de un error en el diseño o medición o en una fórmula, “una bobadita”, como explicaron sus autores. Por otra parte hemos olvidado, con frecuencia, que finalmente se trata es del bienestar de las personas.
A este punto vale la pena poner los ojos en nuestra propia experiencia y en las fórmulas que han determinado la política monetaria, por ejemplo. A pesar de un entorno mundial recesivo las tasas de interés aumentaron sostenidamente desde mayo de 2010 hasta febrero de 2012.Pareciamos “asustados” por el crecimiento de la economía, basado en hidrocarburos y en sus precios. Con los Estados Unidos emitiendo dinero por montones y China y Japón devaluando como política; el diferencial en las tasas de interés; la inflación controlada y a niveles similares ¿Podía esperarse una respuesta diferente a la revaluación del peso que ha golpeado tanto a la industria y a los exportadores que perdieron su escasa competitividad? Con un elemento negativo adicional: las tasas de interés no son tan flexibles, en el corto plazo, a la baja y ahora mismo, cuando el Banco de la República las ha reducido, el crédito de consumo se encuentra a niveles superiores al 30%. ¿Alguien quiere endeudarse? Ni siquiera para comprar “baratos” productos importados.
Necesitamos estudiantes que como Thomas Herndon no traguen tan entero y revisen, para sus trabajos de grado, la relación entre esas tasas (y sus motivaciones) y la reducción en el ritmo de crecimiento de nuestro país. Finalmente, es la política y son las personas, no solamente la eficiencia de fórmulas matemáticas falibles aun, tratándose de ciencias sociales, en un mundo que se globalizó mientras que sus instituciones e instrumentos de política no se han sincronizado, entre tanto hacemos políticas basadas en la fe sobre dogmas insuficientemente probados.