lunes, 16 de julio de 2012

España: ¿una democracia intervenida?



Por: Luis Carvajal Basto

Cuando el jefe de gobierno de un país soberano se queja por falta de Libertad.


Son tiempos difíciles para la democracia en todo el mundo. A la crisis financiera se ha añadido la fiscal de los gobiernos. En un escenario así, el tránsito hacia la unidad política de Europa parece hoy un hecho tan probable como su colapso.
La imposición de fuertes recortes a España, por parte de la Unión Europea a instancias del gobierno alemán, ha sido asumida por el gobierno español de manera vergonzante: primero, negando tal imposición y tratando de presentar el rescate como una responsabilidad del sector financiero y no del gobierno; ahora, cuando ha debido implementar las exigencias, quejándose por falta de Libertad para decidir la rebaja de salarios, el aumento del IVA y la reducción del tamaño del Estado. ¿Qué significa todo esto?, ¿Se trata, en verdad, de una intervención en el régimen político, en su soberanía?
La realidad es que desde la creación del FMI, en la posguerra, los límites de las decisiones soberanas de los Estados, más en las naciones en desarrollo, comenzaron a desdibujarse: el auge del comercio mundial y la búsqueda de un sistema global de cambios confiable, dieron lugar a las recomendaciones de política que en muchos países convirtieron la estabilidad fiscal en un objetivo situado antes que el bienestar, a corto plazo, y el gasto social. Con esos antecedentes, las exigencias de la Unión Europea al gobierno de España no deberían sorprender a nadie, menos si se considera que hace parte de un proyecto que comenzó con una zona de libre comercio y un arancel externo común, pasando por la unidad monetaria, pero debería terminar, en algún momento, en la unificación política. Así ha sido concebido y diseñado.
Así las cosas, el señalamiento de lo que ocurre, como de una “democracia intervenida”, se convierte en uno de mala política, para el consumo interno, que desconoce la perspectiva europea tanto como los cambios económicos en la globalización que no han encontrado su contraprestación política e institucional. Si algo ha revelado la crisis financiera es que la forma de organización de gobiernos e instituciones resulta insuficiente para corresponder a las nuevas realidades de la estructura productiva y los mercados globales.
El ejemplo de Europa pone en evidencia una de las mayores paradojas de la época: España, como los demás gobiernos de la Unión, no tiene autonomía monetaria pero la Unión Europea tampoco tiene la capacidad de controlar los ingresos y gastos de los gobiernos, sus instrumentos de política y los impuestos. En síntesis, los países ya no son tan soberanos, pero Europa todavía no es Europa.
En este periodo de transición hacia la unidad política o el colapso, los esquemas y los políticos locales ofrecen sus “últimas” batallas, lo cual es apenas natural si se considera que los gobiernos son elegidos nacionalmente lo cual ha constituido, hasta hoy, la esencia de un régimen político que necesita, urgentemente, actualizarse. Es en ese escenario que el presidente del gobierno ha debido reconsiderar sus promesas de campaña, de la misma manera que su antecesor debió hacerlo. A los dos les “sorprendieron” las características de la globalización que adelantaron la hora de las definiciones y el momento de cruce de caminos en que se encuentra Europa.
Para quienes, a mediados de los setentas, la salida institucional de la dictadura franquista se solucionó apenas parcialmente con la ambigüedad de una monarquía Constitucional y la “sorpresa” de un Rey democrático, esta debe ser una oportunidad para reivindicar un régimen político, como la democracia, que tiene que ver más con la Libertad, la equidad y el Estado de bienestar que con el tamaño. Parece llegada la hora de más democracia y más Europa. Desde todas partes del mundo estamos, expectantes y un poco ansiosos, observando el desenlace de un proceso que podría definir el rumbo de la humanidad en estos tiempos.
@herejesyluis

lunes, 9 de julio de 2012


Entre Santos y Uribe...

Por: Luis Carvajal Basto

Mientras el país apenas comienza a reconocer la crisis institucional que ha revelado la fracasada reforma a la justicia, arrancó el debate presidencial de 2014.


Así es la política. Aunque sea de mala calidad, como pasa ahora en Colombia y en muchas partes del mundo. La dirigencia parece poco preocupada por el desgaste institucional que han generado los choques políticos y de trenes que han tocado techo en el momento en que nuestra democracia, luego de años de esfuerzos, se declarara incapaz de procesar problemas urgentes de la sociedad, como hemos observado con el entierro de tercera que tuvo el acto legislativo. ¿Desgaste? Podría calificarse como parálisis institucional.
La reflexión acerca de lo que nos pasa, se realiza al compás de los tiempos electorales. Poco interesa que los partidos, el congreso y la misma justicia no le merezcan confianza a más del 70% de los ciudadanos, como lo han podido medir las últimas encuestas. Así, al calor de la pasión o los intereses de la política del día, asumimos un debate que debería ser profundo, serio, calificado y, sobre todo, abierto a la opinión, más allá de la exposición mediática.
Pero es en este escenario y no el que muchos sueñan, que se nos adelantó el año pre electoral: uno en que el congreso ha demostrado su incapacidad pero seguirá produciendo leyes y los políticos buscando los votos suficientes para hacerse al gobierno, aunque la fisura entre ellos y los partidos con la opinión pública se siga convirtiendo en una inmensa grieta que amenaza nuestro edificio institucional.
Así las cosas, asistimos la semana anterior a las primeras escaramuzas de las presidenciales de 2014, con la noticia oficial de la ruptura de la coalición que llevó al presidente Santos al gobierno. La presentación de una propuesta programática independiente por parte del ex Presidente Uribe la ha protocolizado.
Sin sesgos ideológicos, está claro que el mismo ex presidente fue el principal elector de esa coalición, aunque no lo esté tanto que pueda endosar sus votos nuevamente y menos a un candidato tan identificado con la “derecha” extrema como el ex ministro Londoño, de activísimo corte conservador y ultra. Nadie debe llamarse a engaños: una cosa es la crisis de los partidos y muy otra los sentimientos partidistas, que siguen y seguirán vigentes en el temperamento y las costumbres políticas de los colombianos. En cualquier caso está definido que el Uribismo jugará, con nombre propio, a la recuperación del poder.
Por otro lado, el presidente Santos será candidato a la reelección o presentará uno que parecería ser el ahora poco locuaz ministro Vargas Lleras. Independientemente de variables como la sintonía entre congresistas y gobierno hacia el futuro, el presidente debería conocer que gobernabilidad es diferente a elecciones en 2014 y que, en general, los políticos de oficio se inclinarán hacia quien tenga más posibilidades de ganar. La clave de la conducta política, también de los congresistas con miras a las elecciones de 2014, la tiene, sin embargo, la opinión pública llamada “independiente” que identifica a Santos, Uribe y Vargas Lleras como pertenecientes a la misma franja. En síntesis: más allá de lo que pueda ocurrir con cada uno de ellos, dividirán sus votos.
Este fenómeno ha sido observado por los llamados sectores de izquierda que han contratado una encuesta encontrando hallazgos “reveladores”: el 28% de los colombianos, según ella, votaría por un candidato de izquierda y las preferencias las encabezan Angelino Garzón, quien paradójicamente podría ser además candidato del Uribismo pero estaría incapacitado por problemas de salud, la ex alcaldesa Clara López y Luis E. Garzón, ahora cercano al gobierno Santos. Aunque la encuesta tenga detalles que pasan desapercibidos, como que la firma encuestadora es relativamente nueva y la encuesta se realizó solo en las principales ciudades, no deja de mostrar la importancia que en 2014, con la ruptura en la coalición de gobierno, tendrá una tercería.
En estas circunstancias es perfectamente posible esperar que la actual ruptura institucional y la división en la coalición que triunfó en 2010, abran paso a una propuesta encaminada a aglutinar expresiones como la ola verde y la reacción de la opinión en el episodio de la reforma a la justicia: solo falta que encuentren un candidato de talla nacional, que no genere tantas incertidumbres y temores, para tener posibilidades reales de triunfar.
@herejesyluis
Posdata: mientras en todo el mundo, ante la situación de la economía, se rebajan las tasas de interés, en Colombia el Banco de la República insiste en mantenerlas altas. ¿Cómo “cuadra” eso y la revaluación del peso que incentiva, con la competitividad de las exportaciones y el dinamismo de nuestro mercado interno

lunes, 2 de julio de 2012

Punto de quiebre



Por: Luis Carvajal Basto
El fracaso de la reforma a la justicia ha puesto en evidencia que la distancia existente entre el país político y el real es "cada día más grande". ¿Se adelantó el debate presidencial de 2014?


En medio del desbarajuste ocasionado por el devenir del proyecto de acto legislativo, destacan varios fenómenos que resulta imposible dejar de registrar. El más importante seguramente sea la incapacidad del sistema político para procesar los problemas de la sociedad, que es lo ocurrido con una ley que a ojos de todos los colombianos resultaba indispensable. Dos encuestas realizadas la semana anterior ratificaron que más del 70% de los ciudadanos no confían en el sistema judicial y sin embargo, luego de dos años de ir y venir, tira y afloje entre las diferentes ramas del poder, quedamos en lo mismo. Eso es muy grave.
Qué en el proceso siguen perdiendo las instituciones deja de ser un precepto teórico y se convierte en una realidad que ha podido ser palpada y medida mediante el mecanismo de encuestas: el congreso y la rama judicial con un desprestigio superior al 70%.La caída de los partidos políticos, a través de los años, merece una consideración aparte: superaron, entre todos, la barrera del 70% de opinión desfavorable, cifra similar a la de los ciudadanos que manifiestan no pertenecer a ninguno. En estas cifras están incluidos los movimientos que han aparecido más recientemente en la política colombiana, como el Polo y los llamados Verdes.
Para atenuar estas reveladoras cifras puede decirse que existe una crisis global de la política y los gobiernos, lo cual es verdad, pero el alcance del nivel de desaprobación de las instituciones en Colombia lo que muestra es una delicadísima pérdida de confianza en ellas, aun en un escenario en que los niveles de participación electoral, cercanos al 50% históricamente, resultan “aceptables” si se comparan con otras democracias, revelándose que la gente no está conforme pero tampoco participa de maneras diferentes al voto. Conclusión: la constitución de 1991 se ha quedado, en cuanto a los derechos políticos, en un discurso.
En el episodio de la reforma, la opinión se ha expresado a través de los medios ejerciendo un punto inusitado de presión que no tiene precedentes y confirmando que nos estamos acercando a un punto de quiebre, entre la sociedad y las instituciones, del cual no podemos salir buscando oportunidades políticas tendientes a establecer mayorías electorales, en vista de la cercanía de las próximas elecciones presidenciales, que es como se observa a quienes han salido a promover el referendo revocatorio. ¿Alguien puede garantizar que, con su llegada al gobierno, las cosas cambiaran para mejor? Para no ir más lejos, Antonio Navarro gobernó en Nariño hasta diciembre y en Bogotá hasta hace unos días, sin mucho para mostrar: en las mismas encuestas el gobierno de Bogotá es el peor evaluado entre las capitales del país, luego de tres alcaldías del Polo-Progresistas.
La política de oficio no tiene en su mira los problemas institucionales o el divorcio entre ella y la opinión pública, tanto como los resultados electorales. Los congresistas, obviamente, se ocupan de sus electores regionales a fin de mantenerse y reelegirse, pero ¿Quién promueve los vínculos más convenientes entre esos intereses y el interés general? Deberían ser, en principio, los Partidos, que a través de los años, por no cumplir su función, han venido perdiendo credibilidad, legitimidad y votos.
De la manera en que está diseñado el sistema político, la función de los partidos consiste en tramitar las demandas y el interés ciudadano, por medio de la regla de mayorías, con las instituciones del Estado. Por defecto y complemento de ellos, existen en la Constitución otras formas de participación, que no se ejercen, trayendo como consecuencia sobreviniente la fractura entre ciudadanos e instituciones. Esa es la raíz de nuestras crisis que nos ha traído, peligrosamente, hasta el actual punto de quiebre.
@herejesyluis

lunes, 25 de junio de 2012

El esperpento



Por: Luis Carvajal Basto

La fracasada reforma a la justicia puso en evidencia bajos intereses de quienes ocupan altos cargos, así como la ineptitud de otros, pero también las razones de una delicada fractura institucional en que salen perdedores instituciones y partidos.


Como resultado positivo, se pudo observar que la opinión y los contrapesos, aunque no estén reglados, existen en la sociedad contemporánea y que la nuestra, con todos sus defectos, es una democracia informada.
Pocos colombianos dudan que el país necesite una reforma a la justicia. Lo que nos ha sorprendido a todos es la versión que presentaron los encargados de ejecutarla en su versión para beneficio personal, a la medida de cada quien, que terminó en perjuicio de todos y donde lo “único” que falta, en esencia, es la defensa del interés colectivo, saliendo, de paso, damnificadas las instituciones.
La indispensable reforma a la justicia terminó convirtiéndose en un pretexto para legislar en causa propia por parte de magistrados y la mayoría de congresistas, quienes parecieron ejecutando un juego de roles en que lo más lamentable fue observar a togados, encargados de juzgar parlamentarios, haciendo cabildeo para quedarse amarrados a sus sillas. Mejor dicho: usaron la reforma para todo lo contrario: conservar lo peor de nuestras malas costumbres políticas.
El divorcio entre congreso y opinión pública quedó demostrado con la subestimación que se hizo de la última y que dio lugar a la reacción presidencial, alertada por la reacción del ministro de justicia ante los pésimos resultados de una conciliación de la que estuvo ausente y de la que, con su renuncia, ha salido con altura y dignidad, la misma que les falta a los verdaderos promotores de la reforma que ahora presentan excusas o se esconden. Pero el país, afortunadamente, no es el que imaginan los malos políticos y la reacción de rechazo no se hizo esperar, sintiéndose en el ambiente. Tomó forma de referendo revocatorio y nadie sabe, a estas alturas, si la declaración presidencial de rechazo a la reforma le cortará las alas o lo catapultará.
En lugar de una reforma lo que se ha creado es un nuevo escenario en que los “choques de trenes”, entre ejecutivo, congreso y poder judicial, son poca cosa comparados con la fractura entre instituciones y opinión pública que la mala política se empeña en profundizar: a una crisis global del sistema político y los gobiernos, le hemos añadido formas de chapucería que no se corresponden con el país que somos; con la tecnología y niveles de información de que hoy disponemos. El fracaso de la reforma debe, para comenzar, servir como notificación para formas de hacer política mandadas a recoger.
En este nuevo escenario creado por el veto presidencial, aun con incertidumbre política sobre sus efectos jurídicos, tampoco sabemos cómo quedan las relaciones entre las tres ramas del poder aunque, claramente, pierden valor las acciones del congreso y la rama judicial que, ante su incapacidad para saldar sus conflictos de intereses, resultan expuestos a una iniciativa gubernamental o ciudadana que les revoque. Con sus mayorías en el congreso el gobierno no debería tener interés en promoverla, pero todo dependerá de la presión que pueda ejercer la opinión, tanto como las circunstancias políticas, estando sobre la mesa la eventual reelección del presidente, quien, dependiendo de cómo marchen las cosas, podría verse entre abanderar un referendo o “padecerlo”, junto con la clase política.
El divorcio entre formas de hacer política corruptas, obsoletas y parroquiales, que generaron la malograda reforma a la justicia, con la opinión pública en una sociedad informada, ha dado lugar a una propuesta de referendo que tiene más sentido político que jurídico, lo cual no debe sorprendernos si se considera que las estructuras partidistas habitan un mundo diferente al de los ciudadanos del común y las reformas políticas, hasta ahora, han sido de y para congresistas.
En un momento en que todos tratamos de responder a la pregunta acerca de si la objeción presidencial es jurídicamente viable, olvidamos que llegamos hasta aquí como consecuencia de pugnas entre las diferentes ramas del poder que, finalmente, dieron como resultado el esperpento del que nadie se quiere responsabilizar. Hay que decirlo claramente: este asunto no se resolverá en un juzgado sino políticamente y, en el mediano plazo, la opinión pública tiene todas las posibilidades de perder.
Y eso es una lástima porque se sigue minando la credibilidad en la política, en los partidos y en las instituciones, como una vía para reducir las desigualdades aunque a nadie le importe: estamos ocupados fabricando esperpentos que seguirán devorando la democracia.
@herejesyluis
Posdata: cuando parecía increíble que el partido de la U pudiera ejercer, simultáneamente, gobierno y oposición, el ex presidente Pastrana, con tantos amigos en el gobierno, aparece lanza en ristre en su contra. ¿Alguien entiende?

lunes, 18 de junio de 2012

Colombia en tiempos de crisis



Por: Luis Carvajal Basto
Si situamos el origen de lo que hoy ocurre en la burbuja financiera de 2008, no tendremos que ir muy lejos para observar la manera como nos afectará, tanto como para pronosticar que no nos debe ir tan mal.
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Mientras el mundo está pendiente de los desarrollos de la crisis europea, la evolución de España y los resultados de las elecciones en Grecia, en Colombia comenzamos a debatir su impacto. Hace pocos días fue el Ministro de Hacienda quien dio la noticia de que venía un periodo difícil y apenas la semana anterior el gerente del Banco de la República, al dar un parte de tranquilidad, señaló con razón, que el país contaba con los instrumentos monetarios y cambiarios para afrontarla. Podemos añadir que ello es verdad, al menos en el corto plazo.
Pero si consideramos que la crisis en Europa es un capítulo de la que inició en 2008, debemos reconocer que nadie estaba preparado para lo que hasta ahora hemos visto: crisis del sistema bancario pero también de los gobiernos, simultáneamente con recesión en Estados Unidos y en el viejo continente. Aunque la pérdida de empleos en los países desarrollados se explica por su falta de competitividad frente a China y el rendimiento comparado de los capitales al invertir allí, lo que genera y multiplica la incertidumbre es la manera extemporánea como las instituciones han reaccionado, produciéndose un corto circuito entre ellas y la realidad económica.
El cuestionamiento a los gobiernos no tiene que ver solamente con el extendido déficit y está más relacionado con el alcance de las decisiones y los presupuestos locales en una economía globalizada. El descrédito de políticas y políticos en cada país es explicable si se entiende que controlan los presupuestos nacionales pero no, y cada vez menos, un entorno determinante, revelándose una paradoja en la globalización.
La política rara vez actúa en tiempo real y, como lo enseña lo que hoy ocurre en Europa, pueden pasar años antes de conseguir consensos. En Estados Unidos no es diferente y esa es la razón por la que el debate entre modelos económicos se ha convertido en el corazón de la campaña presidencial, pasando a segundo plano donde, cómo, cuando, en qué gobiernos y con qué políticas comenzó la actual debacle. La extemporaneidad de las decisiones públicas está arrasando con la confianza y aumentando la incertidumbre con los efectos del caso, aumentados por la lentitud y la dispersión de los sistemas políticos y las respuestas que ofrecen.
Es ese escenario, salvo por la caída del PIB en 2009, a Colombia no le ha ido mal en el entorno de crisis, aunque nuestro crecimiento esté más relacionado con el aumento de la producción petrolera que con mejoras en competitividad. Lo que puede venir estará determinado, fundamentalmente, por el precio y los volúmenes de producción de crudo. Una recesión generalizada nos afectará, pero en el mediano plazo no se observa un aumento de la oferta mundial ni una reducción de la demanda de consideración.
Otras variables exógenas, como la disminución en las remesas provenientes de Europa y Estados Unidos, menos del 1% del PIB, no tendrán tanto impacto y la reducción de las exportaciones a Europa, 15% del total, no son comparables con la dinámica de crecimiento que han tenido. En cualquier caso, el colchón de seguridad del país puede referirse no solo a las herramientas monetarias y cambiarias, sino a las potencialidades de restablecer el mercado venezolano, para unas exportaciones intensivas en mano de obra, y dinamizar nuestro comercio con China actualmente destino de apenas el 3% de nuestras exportaciones. El TLC con los Estados Unidos, en cualquier escenario, algo debe agregar.
Por otra parte, el actual diferencial entre las tasas de interés nacionales y las internacionales hacen poco probables dificultades cambiarias y el receso en Europa hace mirar hacia Colombia a muchos inversionistas que encuentran atractivas nuestras expectativas y cifras de crecimiento, así como las condiciones de seguridad jurídica. La inversión extranjera mantiene su tendencia ascendente.
Contrario a lo que ocurre a nivel internacional, el sistema bancario y las finanzas públicas están más que boyantes y la demanda interna debe reaccionar mejor a los niveles de gasto del gobierno y con ella el empleo. Como se dijo, nadie está suficientemente preparado para una crisis y menos si tiene tendencia a empeorar, pero, esta vez, tenemos razones fundadas para considerar que podremos capear el temporal.
@herejesyluis

lunes, 11 de junio de 2012

Aprendiendo a gobernar



Por: Luis Carvajal Basto

Aunque el alcalde diga lo contrario, una renuncia protocolaria de los secretarios de despacho es una crisis de gabinete ¿Tan diferente es la ciudad que encontró a la que pensó hace cinco meses?, ¿descubrió que con su equipo estaba en el lugar equivocado? O, sencillamente, ¿se anticipa a una revocatoria de su mandato?


La renuncia del miembro más importante del gabinete, a tan corto tiempo de ser nombrado, puede ser un asunto personal, como le sucedió a Antonio Navarro el ex secretario de gobierno de Bogotá. Personal es que dos funcionarios no se comprendan en la forma de trabajar o que alguno encuentre destinos mejores o que se presenten problemas de salud, familiares etc. Puede ser personal pero no deja de ser, cuando menos, sorpresiva, si se tiene en cuenta que de alguna manera y hasta la elección de Petro, Navarro ocupaba un lugar más elevado que él en los “altares” de la izquierda colombiana; ex Ministro, ex Gobernador y dirigente histórico del reintegrado M19.Muchos entendieron su aceptación de la secretaría como una concesión de su parte y su pronta renuncia como un desengaño, aunque fuese “personal”, tal y como la calificaron el mismo Navarro y el alcalde.
En cualquier caso quedan dudas ante los resultados, según los cuales el secretario Asprilla, su sucesor y ex concejal, pasó casi sin discusión el plan de desarrollo que tan solo días antes estaba “vetado” luego de los encontrones entre Petro y el concejo.
Pero la renuncia de los doce secretarios es, claramente, un asunto político, una crisis, aunque el alcalde diga que “Cualquier suposición de crisis, o diferente a lo que aquí he dicho, no es más que desinformación".
La tarea de gobernar, en democracia, es una que requiere la combinación de muchos factores: experticia, conocimiento, comunicación, participación, planeación y control, gerencia, búsqueda de consensos etc., lo cual la revela como diferente a ganar elecciones y no es una cuestión ideológica sino de eficiencia. El proceso Petro se puede modelar de manera sencilla: pasó de denuncios, para ganar las elecciones, a anuncios, para mantener la popularidad y la expectativa ciudadana. ¿Gobierno? Bien poco.
La aprobación del plan de desarrollo de la ciudad fue la segunda “medida de aceite” a la actual administración. La primera fueron las sucesivas encuestas que han mostrado la inconformidad ciudadana. El cambio de gabinete es una reacción a las dos, buscando evitar que las cosas maduren hasta llegar a una tercera que podría ser la revocatoria de su mandato, más ahora que la Ley reduce las condiciones para proponerla y desarrollarla. En ese sentido puede ser una decisión tomada antes de que las circunstancias lo arrollen, pero en todo caso es un “mea culpa”, un reconocimiento de que las cosas no iban por donde, a su parecer, debían dirigirse, en lo que la opinión pública está de acuerdo.
Todo parece indicar que en la aprobación del plan el alcalde llegó a algunos consensos con la clase política o consigo mismo que se traducen en la crisis de gabinete, lo cual es un resultado natural de los procesos políticos, aunque el diario El Tiempo, en un editorial, señale que criticó a las políticos para terminar haciendo lo mismo que ellos. Otra frase del mismo alcalde podría explicar mejor la cosa “La petición de renuncia a los miembros del gabinete que he hecho tiene como objetivo evaluar y hacer ajustes de cara a la ejecución del plan”.
Desde otro punto de vista, le resultaba impracticable combinar el cuestionamiento de la opinión, cómo lo han medido las encuestas, simultáneamente con la confrontación con los políticos, decidiéndose por un plan concertado, aunque para ello debiera sacrificar primero a Navarro y luego a buena parte de su gabinete. Los resultados se empiezan a observar: muchos concejales olvidaron que el plan estaba desfinanciado antes de que el alcalde le pidiera los puestos a sus secretarios.
En todo esto, no debemos ignorar que la ciudad, con una población y un presupuesto superior a más de setenta países, se encuentra aun en una crisis cuyo último capítulo son los llamados carruseles de la corrupción a los cuales no se llegó de manera accidental: La improvisación en la gestión pública no es una exclusividad del alcalde Petro sino un común denominador de los países con baja madurez institucional.
En el caso de Bogotá, vale recordar que llegamos hasta aquí después de episodios como el de Transmilenio y un descrédito del liderazgo político que se refleja en el caos de su sistema de transporte pero también en una participación electoral significativamente inferior al promedio nacional. El mismo Petro fue elegido con menos del 33% de los votos. ¿Cuantos le quedarán?

lunes, 4 de junio de 2012

Por culpa de Europa



Por: Luis Carvajal Basto

Las cifras de crecimiento, empleo y la situación fiscal de Colombia, son mejores que en muchos años; sin embargo, ante la crisis europea, algunos han calificado como efecto de ella nubarrones que se han empezado a ver. ¿Será cierto?


Las expectativas en el viejo continente no son buenas y, lamentablemente, tienen tendencia a empeorar. No se refieren solamente a su economía; lo que se observa es una crisis de las instituciones construidas en conjunto en un esfuerzo de más de cincuenta años. El sueño de una Europa unida podría convertirse en pesadilla.
Hasta el triunfo de F. Hollande, bajo el claro liderazgo de Alemania, la unión europea, hace apenas unas semanas, marchaba en un sentido único, aunque se pueda calificar como “equivocado”. ¿Hasta dónde puede llegar ahora el choque entre las visiones encontradas de la señora Merkel y el nuevo presidente de Francia?, ¿Cuál será el efecto de la cada vez mayor intervención de la unión europea en España y los demás países con problemas? En resumidas cuentas, ¿Será el fin o un nuevo comienzo que incorpore unas instituciones de gobierno, económico y político, fortalecidas y supranacionales?
Nadie lo sabe, pero la crisis ha revelado que la unidad monetaria ya no es suficiente y tampoco la implementación de política económica en un escenario en que las decisiones las toman los políticos en cada país. Que se extienda la percepción de que los gobiernos nacionales no sirven para nada, beneficia solo a los malos pescadores en ríos turbios. La discusión entre austeridad o crecimiento parece de poca monta si se compara con quienes se benefician por que el Estado no exista o tenga las manos atadas, que es lo que significa en últimas, la aplicación de reglas fiscales a ultranza.
Hasta ahora, las malas expectativas en Europa han propiciado la caída del euro y la subida del dólar- refugio, aunque sea temporalmente, también en Colombia. Pero eso no es suficiente para afirmar que ya se está sintiendo aquí la crisis europea y que podría ser responsable de algunos indicadores negativos en ventas, construcción y manufactura. En realidad, la fortaleza del dólar también beneficia claramente a nuestras exportaciones y el efecto contrario no se empieza a notar: las importaciones siguen “disparadas”.
La semana anterior, en cambio y por ejemplo, se generaron dos noticias alentadoras para nuestra economía por cuenta de la crisis europea: la aprobación unánime, por parte de los ministros de la Unión, del TLC con Colombia, que se ve ahora como un excelente mercado potencial por unas industrias que no encuentran clientes locales. La otra tiene que ver con el retiro masivo de capitales en España, 66.000 millones de euros solo en mayo, que se encuentran buscando donde ser invertidos. Algo debe venir para Colombia, después de los “filtros” de francos suizos y dólares, teniendo en cuenta nuestras altas tasas de interés. Son consecuencias de la crisis que nos podrían afectar, en ese caso, positivamente. Cómo se empieza a decir por ahí: en tiempos de crisis unos lloran y otros venden pañuelos.
En cambio de atribuir al fantasma de la crisis europea algunos números rojos, sin consistencia, en nuestra economía, habría que mirar los efectos del incremento de las tasas de interés establecidas por el Banco de la República: en 2009, en medio de la crisis mundial y cuando nuestro PIB descendió al 1.7% desde 6.9% en 2007, la tasa de intervención se situó en 9%, descendiendo después hasta 3% en mayo de 2010, cuando comenzó a subir hasta el actual 5.25%. La demanda se resiente porque comprar se vuelve costoso, frenándose no solo el consumo.
Mientras Europa entra en receso, la economía China se “enfría” y busca la manera de superar la caída de exportaciones dinamizando su consumo interno, y Estados Unidos hace “magia” para consolidar, lentamente, su salida de la crisis con el apoyo decidido de la reserva federal, aquí hemos puesto el freno con las altas tasas de interés. Las noticias no son tan malas y tampoco vienen todas de Europa.
Posdata: Mientras Medellín ya intenta, al menos, solucionar el problema de movilidad reduciendo el pico y placa, para lo cual no han necesitado más que tomar decisiones de gobierno, en Bogotá no hemos sido capaces de tapar el hueco de la 98 con 11. Ya completó cinco meses de gobierno, Alcalde. Pasamos de las denuncias a los anuncios. Se trata es de gobernar.
@herejesyluis