lunes, 7 de noviembre de 2011


Bogotá y el nuevo alcalde

Por: Luis Carvajal Basto

Podríamos recordar ahora, sin los apasionamientos propios de la competencia electoral, que se trata es de administrar una inmensa ciudad y no de hacer discursos.

Gustavo Petro llega a la alcaldía en un momento crítico de su administración, atribuible no solo a los escándalos de corrupción conocidos y a los que falta por conocer, sino a la obsolescencia de su marco legal y de gestión: el estatuto orgánico, expedido por el presidente Gaviria en la administración de Jaime Castro,  está por cumplir 20 años, periodo en que su presupuesto pero también sus problemas se multiplicaron.
Con esa norma, que otorgó rango Constitucional a la administración de la ciudad y definió su especificidad territorial, se hicieron cosas importantes para facilitar su gobierno, estabilizar sus finanzas, reglar sus relaciones con la nación y hasta recoger sus basuras dando un estatus firme a la descentralización y a la participación ciudadana en la gestión pública, a través de veedurías,  presupuesto y competencias a las localidades.

Entonces Bogotá era una ciudad que comenzaba a salir de una crisis diferente a la de hoy: recordemos que un número importante de concejales y el mismo alcalde se encontraban en la cárcel y sus finanzas eran un desastre. Estaba arrancando apenas el auto avalúo que partió en dos, para mejorar, la historia de nuestra hacienda pública. Después de ello, la ciudad tuvo recursos y los bogotanos se acostumbraron a pagar impuestos.

Hoy, se puede afirmar que el estatuto orgánico cumplió su cometido para superar ese difícil momento pero se quedó corto ante las necesidades de la ciudad y las nuevas formas de corrupción. También son preocupantes el estancamiento de una descentralización inconclusa y la escasa participación de la ciudadanía en la gestión pública, en forma de muchísimas actividades que pueden desarrollar las comunidades organizadas, y en su control, a manera de efectivas veedurías ciudadanas.

Los anteriores no son asuntos ideológicos sino de administración ¿Alguien cree todavía que la ciudad se puede seguir gobernando, exclusivamente, desde el palacio Lievano? Ni siquiera el IDU está en capacidad de hacer seguimiento a sus obras, de manera eficiente, con el actual esquema. Otro tanto ocurre con inmensos recursos, que podrían potenciarse administrándolos mejor, y con un control independiente y eficiente, luego de dos contralores destituidos y un personero que, en lugar de defender a los ciudadanos, pasa agachado   y ha debido buscar quien le defienda.

Pero también tenemos las circunstancias políticas  que dicen que Petro ganó con apenas el 32% de los votos, en una ciudad en que la participación estuvo un 8% por debajo del promedio nacional, y sus progresistas serán  minoría en un concejo  en que el voto en blanco obtuvo el 18% de los sufragios obtenidos por todos los concejales. 300.000 electores no encontraron en el abanico quien les representara. Hereda el alcalde un patrimonio negativo en el balance político de las fuerzas de “izquierda” y  no acredita experiencia en asuntos de gobierno, un espacio diferente al legislativo y  a ganar elecciones.

La primera tarea del nuevo alcalde es consolidar la legitimidad política de su victoria y la segunda, ocuparse de conformar un equipo con credibilidad  y una coalición mayoritaria antes que lo haga una oposición que aun no le aparece. Esos serán sus primeros problemas de gobierno. La elección de personero y contralor serán una prueba en que, además, conoceremos su verdadero talante.

Pero si le queda tiempo, el factor más escaso en los gobiernos democráticos, con termino fijo y conteo regresivo, se esperaría que el nuevo alcalde se ocupe de los asuntos estructurales de administración en la ciudad y lidere, con el apoyo del gobierno nacional, una actualización de su estatuto orgánico que no puede ir sino en la dirección de desarrollar la descentralización y participación de la gente, tal como lo ordena nuestra Constitución, sin que se cumpla. Claro qué, por otra parte, es la única forma de que esta metrópoli funcione.

lunes, 31 de octubre de 2011


Los Partidos, partidos

Por: Luis Carvajal Basto

El hecho más notorio en las elecciones de ayer fue la fragmentación de los votos. El mensaje es que las actuales estructuras partidistas representan, cada vez menos, a las corrientes de opinión en las grandes ciudades, lo cual hace difícil augurar buenos gobiernos.

En general, los resultados de las elecciones no deben sorprender a nadie, pero es relevante es que en las cinco grandes ciudades, observadas en conjunto, ningún partido o movimiento, de manera autónoma, pudo obtener mayorías al menos en dos, lo cual nos lleva a la preocupante conclusión de que persiste y se profundiza el divorcio entre los partidos y las grandes mayorías urbanas que no encuentran un proyecto que las identifique y cohesione.
El caso de Bogotá, en donde contrariando falsas expectativas generadas más por el deseo que por los hechos políticos observables, el triunfo de Petro estaba cantado por la división de sus competidores(ver nuestra columna del 3 de octubre en http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-302909-petro-puede-ser-alcalde) e ilustra bien lo que está ocurriendo con una opinión a la que son indiferentes los partidos: Petro era del Polo y salió elegido por el movimiento progresistas el cual no existía hasta hace bien poco, mientras su partido de origen prácticamente se esfumó, no ocurriendo lo mismo con la corriente de opinión que le eligió. De cierto modo, los partidos se han vuelto “desechables”, para muchos candidatos que les dejan el pecado y se quedan con el género.
Resulta clarísimo el “desprecio”, por parte de los partidos tradicionales, de las crecientes y decisivas mayorías urbanas para las que no tienen unas propuestas homogéneas, lo cual tampoco debería sorprender si se tiene en cuenta que sus cuadros directivos son, fundamentalmente hoy, políticos sin dimensión nacional que atienden, como es natural, los intereses de sus electores regionales: La clase política tradicional. Podemos estar seguros, por ejemplo, que el ex presidente López Michelsen jamás imaginó que su operación avispa se convertiría en el principio del fin de la vocación urbana del Liberalismo, por una vía que hasta ahora supera a las reformas políticas.
Estas elecciones regionales dejan otras enseñanzas importantes como que el Polo y los Verdes se fraccionaron y auto eliminaron, quedando preguntas del tipo ¿Sobrevivirá el Polo ahora que Petro es el “propietario” de la mayoría de sus votos y por lo tanto su jefe natural”, ¿Ejercerá Gina Parodi el liderazgo de los verdes no Uribistas?¿Le quedarán ganas, y votos, a Peñalosa para asumir el mando de los verdes Uribistas?, ¿ Dejará ese encargo en manos del ex alcalde Garzón?
Quedan también lecciones como que los votos del ex Presidente Uribe definitivamente no son endosables, por lo menos en los grandes centros urbanos que en sus dos elecciones presidenciales le dieron el triunfo, dejando la sensación de un inmenso desgaste al apostar por candidatos perdedores.
Lo ocurrido en Medellín merece un punto aparte: la campaña transcurrió en medio de irregularidades que ponen en evidencia la manera en que las mafias han convertido los presupuestos públicos en su objetivo. Las denuncias de la procuraduría y el Ministro del Interior son aterradoras.
Precisamente, el caso de Medellín pone sobre la mesa lo ocurrido en otras partes: aparte de la injerencia de los ilegales se ha puesto de moda la financiación de campañas a la manera de contratación prepago: te ayudamos a elegir y tú nos adjudicas contratos. En muchos gobiernos regionales la contratación está hipotecada. Ello es posible por la debilidad de los partidos y pone en riesgo la democracia local y la descentralización. Lo ocurrido con las regalías es apenas un campanazo de alerta sobre la manera como la dirigencia y el gobierno nacional deben continuar en la tarea de depurar los presupuestos regionales. “Hagamos coalición y repartimos” parece la táctica de moda. La estrategia puede llamarse transfuguismo o voltiarepismo.
Sin unos partidos fuertes será más difícil conseguir buenos gobiernos que ganar elecciones. Ese es el mensaje más preciso de nuestra jornada electoral.

lunes, 24 de octubre de 2011


Después de ETA y Gadafi

Por: Luis Carvajal Basto

Debimos esperar 50 años, para que quedara de nuevo en evidencia la esterilidad de la violencia y el terror. Los nuevos retos de la democracia.

Lo ocurrido el 20 de octubre se suma al torrente de acontecimientos de este 2011, el año de las revueltas árabes, del rebrote de la crisis financiera, de la quiebra fiscal de los gobiernos y de la aparición de un movimiento casi mundial de indignados que no parece saber lo que quiere, pero sí lo que no quiere.
En el caso de ETA, llama la atención lo que esa organización ha llamado “el nuevo tiempo político”, que seguramente se refiere a los recientes logros electorales de otros sectores de la izquierda Vasca. Para España puede significar el fin de la sombra siniestra del terrorismo, pero también el paso más firme hacia la independencia del País Vasco, idea que fue congelada y deslegitimada por las acciones  de ETA.
Lo de Gadafi, abre el camino para la democracia en Libia, un país que pasó de la invasión italiana a una efímera independencia monárquica y luego al modelo “socialista” del dictador, pero más allá de eso nos recuerda el  nuevo fracaso de esos regímenes “socialistas” que acaban convertidos en dictaduras familiares, como Corea del norte, para citar un caso y a los que no les faltan extemporáneos imitadores. Luego de ver el video con la captura y muerte de Gadafi, vale preguntarse si podrán acostumbrarse a vivir en paz, en un corto periodo, sociedades que desprecian de esa manera la dignidad humana. Ni el dictador, ni nadie, puede ser condenado y menos asesinado, sin un juicio justo.
Uno y otro proceso parecían detenidos en el tiempo, como suele ocurrir con los fanatismos que no atienden razones. En estos 50 años que terminan para ellos, se desmoronó la cortina de hierro, el mundo se globalizó y se inició la revolución tecnológica y de comunicaciones más grande de la historia. Después de tanta violencia, los libios siguen buscando la Libertad y muchos vascos pueden tener su criterio independentista más cerca que nunca de hacerse realidad, sin deberle nada a ETA. 
El 20 O, puede considerarse un triunfo de la democracia en un periodo en que esta afronta uno de sus momentos más complejos. Los gobiernos, en casi todas partes, pasan dificultades al gastar más de lo que reciben, corrupción incorporada; la economía global no se repone del impacto de la crisis de 2008 y ni siquiera se pueden conseguir unos acuerdos mundiales mínimos de política económica para mejorar su situación. El estado nación parece sorprendido por la globalización.
Por otra parte, a nivel  internacional, el desgaste del régimen político se observa en la crisis de los partidos. Asistimos al nacimiento de un movimiento de indignados que no les toma en cuenta y no se siente representado por ellos. Si su función es relacionar las demandas de los ciudadanos con las instituciones del estado y, mediante el recurso de la soberanía popular, decidir el rumbo de los países, no están cumpliendo a cabalidad su función: lo dicen los empresarios, cansados de la corrupción, pero también la gente que los observa impotentes para atender sus problemas. Ese estado, que no resuelve las demandas de sectores ciudadanos, es el mismo que  dejó actuar libremente a los fabricantes de burbujas.
Después del 20 de octubre, de Gadafi y de ETA, aprendemos nuevas lecciones, cuando las sociedades ponen el dedo en el botón “actualizar”  e inevitablemente renueva vigencia la frase de Churchill según la cual, salvo por los demás, la democracia, es el peor régimen político que hemos conocido. Pero nuestro presente revela que no nos está “dada”, como el agua o el sol, y que debemos ser capaces de atender los llamados de la  evolución humana y plasmarlos, lo más pronto posible, en las Instituciones y las formas de gobierno. El mismo Churchill dijo “si estas atravesando un infierno, sigue caminando”. Pues a caminar, entendiendo que la democracia debemos terminar de construirla, sin olvidar los costosos desastres del pasado.

lunes, 17 de octubre de 2011


PARO DE ESTUDIANTES EN COLOMBIA

La protesta estudiantil

Por: Luis Carvajal Basto

Una prueba de buena salud de la democracia es la movilización pacífica de los estudiantes aunque no tengan razón, como en este caso en que también fracasó la metodología utilizada para ambientar una reforma indispensable.

Que los estudiantes salgan a las calles a decir cosas inteligentes es, en sí mismo, una muy buena señal. Si dicen verdades que de otra manera no se puede, mejor. Muchas de las transformaciones en regímenes dictatoriales han empezado al levantarse su voz. Recordemos apenas su importante papel en la superación de la dictadura militar en nuestro país o la movilización que culminó con la séptima papeleta y la nueva Constitución.
Pero la trinada denuncia contra la privatización de la educación, luego de retirado el criterio de instituciones con ánimo de lucro del proyecto de Ley gubernamental, es lo contrario de lo que las cifras demuestran no solo en la formación universitaria sino en la básica en los últimos 15 años. En la primera, cerca del 50% de los cupos son ofrecidos por instituciones públicas mientras que en formación básica la cifra supera el 83%.Algún reconocimiento deben merecer los avances en cobertura que muestran como pasó de 2002 a 2010 de 24% a 36%, un 50% de incremento sobre la cifra inicial. Mejor dicho, al quedar el 64% de la población en condiciones de estudiar, por fuera del sistema, el problema más grave se refiere a los que no pueden acceder o se tienen que retirar y no a los que ahora protestan. Por cada estudiante hay dos que no tienen la oportunidad de serlo. Eso no es justo.

Uno de los objetivos  prioritarios del sector educativo en los próximos años es incorporar ese 64% en una situación de escasez de recursos, como  es la del sector público en todas partes. Después, se vale la discusión sobre el origen de los recursos, la calidad y la pertinencia en un mundo que cambió radicalmente en las últimas décadas y frente al que nuestro sistema educativo parece rígido e imperturbable. No se trata de defender los privilegios de nadie si no de ampliar las oportunidades para todos.

Aparte de la solidaridad  con quienes no pueden acceder al sistema, se esperaría de un movimiento estudiantil contemporáneo otro tipo de preocupaciones, entre ellas la de un empleo digno para los jóvenes egresados, una ley de primer empleo, como la propuesta por el Liberalismo colombiano, pero con dientes y recursos, por ejemplo. Cómo es imposible que el estado contrate o subsidie a todos los profesionales egresados, se necesita del sector privado, también en la reformulación de  perfiles profesionales y currículos. De nada sirve ampliar las coberturas si los egresados no pueden trabajar. El futuro de los estudiantes de hoy está relacionado no con un discurso si no con el mundo real, el rumbo del país, la economía y el empleo. De lo contrario, la universidad se convierte en una fábrica de frustraciones e indignación. La competitividad, en este caso, tampoco se puede obviar.

Conviene recordar, por si acaso, que los recursos públicos provienen de la parte de impuestos de la riqueza   generada en  la sociedad. No caen del cielo y no se puede condenar a nadie por buscar su maximización, cosa que tratan de hacer los Ministerios. Buscar la eficiencia  en su utilización es parte de su trabajo. ¿Es tan malo encontrar la manera de que alcancen para educar a   la población estudiantil que se queda por fuera del sistema?

Pero a la señora ministra habría que decirle  que, aunque el gobierno es para gobernar, los consensos deben buscarse y lograrse antes y no después. Uno no puede decir que la estrategia para buscarlos y comunicarlos fue adecuada con 50000 estudiantes en las calles,  multiplicados por la función de los medios, ni siquiera por que sus supuestos estén equivocados.

¿No habría ido mejor la cosa con una campaña previa de solidaridad  estudiantil con quienes no pueden estudiar, complementando los formales  28 foros convocados por el ministerio?

Posdata: En estos tiempos de Internet, prensa, radio televisión y redes, los estudiantes podrían hacer una cruzada contra el aerosol, por obsoleto y contaminante. Además, ahorran. Por otra parte, se pueden dar sus consignas por conocidas: Son las mismas desde hace 40 años, los mismos en que el mundo se transformó.